Comunicación Social - OFM
 
Colaboraciones del OFM a El Periódico
 
México y el examen PISA
14/12/09
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La filosofía mexicana ¿en extinción?
07/12/09
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¿Nueva transformación social?
30/11/09
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La educación en la perspectiva empresarial
23/11/09
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De la educación autoritaria a la educación crítica
09/11/09
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Ya en serio, ¿para qué más sirve la educación?
03/11/09
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La enseñanza de la Estética como paideia o formación para la vida
26/10/09
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La ética ¿es necesaria?
12/10/09
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La Estética como valoración de lo humano
05/10/09
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La moda de la educación por competencias
28/09/09
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¿Y para qué la filosofía en tiempos de penuria?
21/09/09
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Ayudando a Dios y al Diablo
14/09/09
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Ignora la SEP nuestro legado educativo
07/09/09
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La filosofía, la SEP y la tecnocracia
31/08/09
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Las humanidades nos harían dignos
24/08/09
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La Reforma de la Filosofía en el CCH
17/08/09
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Educación en Quiebra
10/08/09
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La Desaparición de la Filosofía
03/08/09
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Competencias
27/07/09
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La educación, deshumanizada
16/07/09
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Un Observatorio, ¿para qué?
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México y el examen PISA

Por José Alfredo Torres

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En la SEP, desde años atrás, existe el compromiso de aplicar trianualmente el examen PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes), diseñado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) con el propósito de evaluar Lectura, Ciencias y Matemáticas. Hasta ahora, según los puntajes, México ha ocupado el último lugar entre los miembros de esta organización –treinta para ser exactos.

Los resultados negativos, entendemos, propiciarán recursos que modifiquen el estado actual de la educación mexicana, puesto que a los estudiantes de 15 años, destinatarios del examen, se les ha catalogado de inhábiles para "analizar, razonar y comunicar sus ideas", además de tener problemas que les impiden "la capacidad de seguir aprendiendo durante toda la vida."

México participa en PISA –dice en el último número de la revista Az, María Antonieta Díaz Gutiérrez, Administradora Nacional del Proyecto PISA– desde el primer ciclo de evaluación en el año 2000, debido a la oportunidad que ésta ofrece para conocer si sus jóvenes logran las competencias demandadas por la sociedad contemporánea.

Pero, en este proceso evaluatorio, hay algo raro: ¿qué autoridad pedagógica y política se le está confiriendo a la OCDE; es decir, qué legitimidad se le otorga, al grado de considerarlo un organismo determinante en las decisiones educativas propias? Nuestros funcionarios, encargados de la educación oficial, parecen creer que el paradigma de "sociedad contemporánea" se define desde el extranjero, condicionándolo al cumplimiento de ciertas competencias.

Francisco de Vitoria, padre del derecho internacional, preguntaba en el siglo XVI: ¿el expedicionario ibérico, a título de qué, invade territorio de pueblos pacíficos americanos, provocándoles el colapso de sus culturas?

Análogamente, las competencias exigidas en el examen PISA, ¿a título de qué, representan el modelo de "sociedad contemporánea", de "civilización avanzada", de "excelencia en el conocimiento"? Los diseñadores de tal examen, nos deben una explicación al autoasignarse el papel de evaluadores del adelanto o atraso de nuestro pueblo; también la deben dar los funcionarios que marginan el alcance, las posibilidades del marco histórico, geográfico y cultural de la educación nacional, supeditándola por entero a parámetros foráneos.

 

Publicado el 14 de diciembre de 2009 en El Periódico


 

La filosofía mexicana ¿en extinción?

Por Gabriel Vargas Lozano
Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la UAM-I

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¿Cuál es la incidencia de la filosofía que se enseña, investiga y difunde en la situación actual de México? Mi respuesta es que, si examinamos las diversas esferas de la educación, la cultura, la política y la vida cotidiana de los ciudadanos, su incidencia es muy escasa e incluso se encuentra en declive y si extremamos la tesis diría que nos encontramos en un proceso de extinción.

A algunos les parecerá extraña esta afirmación y podrían responderme que hay escuelas y facultades de filosofía; hay revistas; se publican libros e inclusive se realizan congresos internacionales a los cuáles asisten muchas personas. En efecto, todo ello existe, sin embargo, si ponemos en relación este número con en un país de 100 millones de personas y 14 en el exterior y la estadística de lectura de dos libros por año por habitante, podemos decir que esa presencia es mínima.

Podemos decir también que existen más de 20 revistas de filosofía pero tienen muy pocos lectores. Los libros tienen, salvo excepciones tirajes de 100 a 500 ejemplares y un tiraje de tres mil sería ya un bestseller. Los suplementos culturales de los periódicos no publican con frecuencia artículos filosóficos y ni pensar en la difusión de la filosofía en la televisión cultural o comercial más allá de alguna fugaz aparición.

De igual forma, a los partidos no les interesa fundamentar sólidamente sus propuestas sino que navegan en el pragmatismo más pedestre y están llenos de saltimbanquis como los representó Clemente Orozco.

La filosofía tiene una escasa incidencia en el sistema educativo y ahora la SEP después de la intensa lucha sostenida por el Observatorio Filosófico de México, se niega a incorporar, como obligatorias las disciplinas filosóficas. Si esto es así, proceden dos preguntas: la primera pregunta es ¿por qué llegamos a esta situación? Y la segunda es ¿qué debe hacerse?

 

Publicado el 07 de diciembre de 2009 en El Periódico


 

¿Nueva transformación social?

Por Ausencio Pérez Olvera
Presidente de Ixtli. Asociación Nacional de Profesores en Enseñanza Media y Superior de la República Mexicana

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México padece una profunda crisis económica, política, social, cultural, educativa, y en todos los ámbitos de la vida, que ante la desesperación, la frustración y la impotencia, diferentes sectores de la población están al borde de un rompimiento social que tratan de ocultar quienes se ostentan del poder, mientas reclutan a la fuerza pública.

Esta situación ha sido consecuencia, entre otros, del sometimiento del Estado y sus instituciones, así como de los intereses nacionales a los intereses de grupos de poder nacionales y extranjeros: grandes empresarios, altos funcionarios, partidos, medios de comunicación; intereses de países e instituciones internacionales como EU y la Unión Europea, el FMI y el BM.

La política en México, una de las actividades más nobles como sugería Aristóteles, se ha convertido en rehén de una oligarquía ávida de poder.

Por ello, México requiere una transformación nacional de fondo y dejar la simulación con reformas sectoriales. Una transformación del modelo económico y de los sistemas de producción e industrialización con estricto apego al cuidado del medio ambiente, una revisión profunda del sistema democrático y de la forma de hacer política.

Urge dignificar la vida social mediante un estado de bienestar y de justicia, de respeto a los derechos humanos, laborales y de la autonomía de los pueblos indígenas. Un impulso al desarrollo científico y tecnológico, cultural y artístico, humanístico y educativo debe ser reorientado desde nuestro propio contexto. Se deben fomentar los centros de investigación educativa y profesional e impulsar el desarrollo de las clases trabajadoras, obreras y campesinas, respetando sus derechos de organización y autonomía sindical.

Día con día, el país se le va de las manos al gobierno federal. Por ello, es urgente en estos momentos la unidad nacional de las clases trabajadoras, obreras y campesinas, estudiantiles, magisteriales e intelectuales para que mediante la organización de congresos nacionales podamos replantear el rumbo, y evitar así el posible conflicto nacional que irresponsablemente nos están heredado quienes en estos momentos ostentan el poder.

 

Publicado el 30 de noviembre de 2009 en El Periódico


 

La educación en la perspectiva empresarial

Por José Alfredo Torres

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En la séptima edición (2009) del foro México Cumbre de Negocios, celebrado en el Estado de Nuevo León, Carlos Slim sugirió como vector para enmendar el rumbo del país, fomentar el “desarrollo de capital humano, educación, salud y nutrición.” Igualmente, Roberto González Barrera, dueño de Banorte, pidió invertir en “educación de mayor calidad y en investigación científica y tecnológica y de mercado para ser más competitivos”. Claudio X. González, por su parte, ha insistido mucho en que “a mayor educación mejores empleos y mayor remuneración y competitividad.”

Coaccionado por hombres y organizaciones de empresa, el Estado mexicano ha invertido dinero y energía con objeto de implementar las competencias en educación; pero ha sido y será insuficiente debido a la honda pobreza estatal. Empero, ello tiene sin cuidado al empresariado: ¿quiere decir, por ejemplo, González Barrera con “educación de mayor calidad”, extremar el control en este rubro, haciéndolo todavía más semejante a lo observado en China, Taiwán o Finlandia? ¿Quién tomará el control para darle el giro “exitoso” imaginado? ¿De dónde saldrán los recursos necesarios? En dichos países, la infraestructura física y organizacional de las escuelas resulta costosa; en México, para empezar, carecemos de recursos monetarios, y para terminar, se necesitaría otro tipo de organización escolar en medio de la pobreza.

Sea lo que fuere, el burgués mexicano parece concebir que, si el modelo educativo de las competencias, imitado por México, no ha resultado idéntico al original, la causa está en una falta de inteligencia para clonarlo. Debido a lo cual, los esfuerzos por reactivar el mercado y aumentar el PIB nacional en condiciones de elevada competitividad mundial, han resultado vanos hasta el momento.

La concepción de la burguesía lleva implícito lo siguiente: o el Estado debe generar insumos quién sabe cómo y de dónde, o con los pocos disponibles tiene la obligación de ser eficiente en el ámbito educativo; o bien, como medida salvadora, inevitablemente aplicará más a fondo criterios internacionales de calidad educativa (los únicos apreciables para la clase empresarial), tenga o no dinero. Ninguna opción es viable para mejorar la educación, como lo muestran las evidencias. Signo de una falta de creatividad de la clase empresarial, a pesar de todo, influyente a cuan más en el aparato educativo nacional.

 

Publicado el 23 de noviembre de 2009 en El Periódico


 

De la educación autoritaria a la educación crítica

Por Pedro Montalvo Piedra
Integrante del Círculo Mexicano de Profesores de Filosofía y del Consejo Consultivo Mexicano de Filosofía

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Es sabido o fácil de suponer que la educación es un instrumento que sirve para cumplir ciertas funciones, en el caso de la Educación en México es clara esa función: “mejorar su (del estudiante) productividad y competitividad al insertarse en la vida económica”, dice el Acuerdo número 444 por el que se establecen las competencias que constituyen el marco curricular común del Sistema Nacional de Bachillerato publicado en el Diario Oficial de la Federación el 21 de octubre de 2008.

A partir de esas funciones o necesidades sociales que en el discurso oficial se traducen como “educación para la vida” se justifica el autoritarismo y la jerarquización de los sistemas educativos.

La jerarquía se da en la medida en la que las autoridades educativas califican como “preparados” o “competentes” a los educandos y a los profesores. Los que no están preparados se deben someter a una especie de tutela o sometimiento, los que ya están listos pueden aspirar a un status y cierto poder, independientemente de lo que saben los alumnos o de lo profesional que sean los profesores.

El autoritarismo se ejerce en función de la certificación de los alumnos así como de la certificación, distribución de recursos económicos, equipos de cómputo y materiales diversos para los centros educativos. Por ejemplo, el uso de computadoras y otros equipos de cómputo depende de una instancia que los concentra y distribuye. Así se evidencia el autoritarismo desde el centro, en este caso, la Secretaría de Educación Pública.

Pero la educación no debe ser solamente un instrumento, la educación debe ser una alternativa liberadora. Liberadora para percatarse de la realidad como algo cambiante, no como algo ya dado a lo que simplemente hay que adaptarse. La concientización, producto de una educación liberadora, es crítica. En tanto que crítica, problematizadora y esto es posible sólo a partir de la experiencia, de las circunstancias en las que alumno y profesor viven, en las dificultades y obstáculos que impiden el pleno desarrollo humano, partiendo de esa experiencia, volviendo a ella. En este sentido la educación es crítica, transformadora, dialógica y cooperativa.

 

Publicado el 09 de noviembre de 2009 en El Periódico


 

Ya en serio, ¿para qué más sirve la educación?

Por Shirley Florencia de la Campa
Maestra en filosofía

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¿De qué sirve una educación para todos? Independientemente de la movilidad social y estatus económico que signifique, la educación implica pasar de la violencia a las palabras, al diálogo con el otro y con el universo de posibilidades que de otra forma permanecen veladas. Sin embargo, encontramos que el silencio, el analfabetismo, la ignorancia, la dependencia, la inercia, la falta de apoyo y la pobreza no se circunscriban a algunas personas o lugares determinados del planeta, sino que afectan a todas las sociedades actuales.

La alfabetización permite acceder a otros derechos y libertades individuales, derivando en múltiples beneficios personales, sociales y económicos, aunque dependiendo también de las leyes y políticas de cada nación. Por ello, puede hablarse de la educación y la alfabetización como metáforas del proceso activo que entraña una concienciación social y una reflexión crítica susceptibles de facilitar la emancipación de las personas y los grupos y promover cambios en la sociedad. Para responder a los derechos de respeto, igualdad y tolerancia, es necesaria una formación de calidad para todos, sin permitir que la marginación o la unilateralidad ideológica mantengan disgregados a personas discapacitadas o de integración complicada, de etnias o grupos minoritarios o de características diferentes. En cada nivel debe existir una ética incluyente, sin exclusión por pobreza, por familia no estructurada, por religión o pensamiento, por lengua o procedencia o por dificultades de aprendizaje, pues de otra forma algunos estudiantes serán clasificados como buenos alumnos y otros no, teniendo mejores oportunidades y posibilidades que los segundos. Así, la desigualdad que depende en gran parte de factores externos y de las oportunidades educativas, se convierten en diferencias de méritos y capacidades de los propios estudiantes.

“¿Quién quiere educarse para la vida?”, esa es la cuestión, siendo un derecho que debería ser garantizado por el Estado. En este sentido, la educación es un poder que libera y da autonomía, que amplía los horizontes y las opciones vitales que todos necesitamos plantearnos. De otra forma, la lectura personal del mundo será tan limitada que sólo servirá para levantar las cuatro paredes de nuestra propia celda.

 

Publicado el 03 de noviembre de 2009 en El Periódico


 

La enseñanza de la Estética como paideia o formación para la vida

Por Sonia Torres Ornelas
Doctora en filosofía, FFyL-UNAM

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Nuestra vida conquista sentido en una continua apropiación que funciona en los múltiples estratos del erotismo configurador. Los sentidos delimitan territorios que dan cobijo y alimento, y permiten reunir fuerzas que luego estallarán en los espacios creativos; la cocina, por ejemplo, ese campo experimental donde los sabores retozan entre sí y la invención solamente se suspende por el repertorio de la alacena y el refrigerador. Pero la suspensión es uno más de los ingredientes de la creación, algo que sirve de respiro, un hasta mañana, un paréntesis en el que se disfrutan los manjares y nos entregamos al sueño y a la trama de nuevas fantasías, envueltos en el manto vital del arte, esa vorágine que nos arrastra en el infatigable trazado de formas que se precipitan a su ocaso. El arte es música enigmática que a veces suena a lluvia fresca y a veces a fulgor crepuscular, y es poesía que enluce el momento decisivo del nacimiento de la historia, porque jamás deja de nacer en nuestro viaje, en el que somos caminantes colmados de anécdotas.

Dentro de lo cotidiano hay una irrupción de lo fantástico, algo que perturba y a la vez incita. Aunque lo fantástico es esencialmente indefinible, junto a Julio Cortázar decimos que se trata del derecho al juego, a la imaginación y a la magia. Lo fantástico convierte en extraordinario lo banal. Y, ¿qué destino se le anticipa a un pueblo cuando se le arrebata el derecho a convertir cada acto ordinario en un acontecimiento glorioso? Un destino que no deseamos, sobre todo si, al igual que Nietzsche, estamos convencidos de que la existencia se hace posible sólo como fenómeno estético, si comprendemos el alcance de esta afirmación y nos damos cuenta de que lo estético no se reduce a la producción de obras de arte en las diversas expresiones, sino que alude al modo de sentir que subyace a cada una de las prácticas ejercidas en todas las áreas del quehacer humano, desde las labores domésticas hasta las especialidades profesionales, pues la aiesthesis, es decir, la sensibilidad, preside nuestros actos voluntarios e involuntarios.

Ahora bien, la importancia de la enseñanza de la Estética en el nivel medio superior radica en el hecho de que ese rasgo inherente a nuestra naturaleza humana que es la sensibilidad, alcanza dimensiones insospechadas en el proceso de la adolescencia tan propicio a la formación, en el que la vida se intensifica al explorar las diferentes tesis del arte, las relaciones entre arte y naturaleza o entre arte y hombre.

 

Publicado el 26 de octubre de 2009 en El Periódico


 

La ética ¿Es necesaria?

Por Gabriel Vargas Lozano
Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la UAM-I

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Vivimos en una situación de crisis de los valores que se expresan en grandes contradicciones sociales e individuales. Los ejemplos abundan: el gobierno norteamericano habla de derechos humanos y ha sido capaz de masacrar al pueblo iraquí, a nombre de la democracia, con el exclusivo propósito de apoderarse de sus riquezas petroleras; los gobiernos del mundo organizan grandes conferencias para buscar solución a la crisis del medio ambiente y no dan los pasos necesarios para reducir las emisiones contaminantes de las grandes compañías transnacionales; los políticos mexicanos pronuncian grandes discursos sobre la justicia y cuando se trata de castigar a los autores de cuantiosos fraudes, como en el caso del Fobaproa, le pasan la cuenta al pueblo; hablan de democracia y lo que hacen es “salir de compras” ofreciendo despensas a cambio de la credencial de elector; critican a los pederastas y a los protectores de pederastas y allí siguen en el poder como el caso del “Gober precioso” y en el caso de la jerarquía eclesiástica católica, hablan de humanismo y exigen que una niña violada tenga que aceptar el embarazo resultante porque es un “designio inescrutable de la divina providencia”. Estas y muchas otras contradicciones deberían ser sometidas a un análisis y una crítica públicas mediante una ética laica, es decir, una ética que estudie esos problemas sin dogmas de por medio; con los datos de la ciencia en la mano y con argumentos sólidos. Y en vez de ello, salvo algunas excepciones, lo que priva es la mentira y la hipocresía. Es por esta razón que sería necesario que en todos los niveles educativos se ofrecieran cursos de Ética, sin embargo, aquí tenemos un nuevo problema: un sindicato de maestros controlado por una señora que se ha encumbrado a base de corrupción y un gobierno que la solapa; preparatorias que se resisten a impartir los cursos correspondientes y unos medios masivos de comunicación dedicados a fomentar el mercantilismo y la enajenación pública. Urge abrir espacios libres para que se escuchen otras voces que no estén tan contaminadas con la inmoralidad prevaleciente.

 

Publicado el 12 de octubre de 2009 en El Periódico


 

La Estética como valoración de lo humano

Por Shirley Florencia de la Campa

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Hoy en día el término “estética” es impreciso, aplicado a lo relativo a objetos de arte o al sentido de belleza. Sin embargo, la complejidad de la experiencia estética es mucho más variopinta y profunda; su núcleo es la reflexión sobre las raíces del conocimiento, la memoria, y la historia que intervienen en la perspectiva de los objetos percibidos y de los ideales imaginarios, siendo posible la experiencia estética sólo en el flujo de la existencia, a la vez que le confiere sentido. En ello radica la importancia de la Estética como disciplina filosófica en la educación de los jóvenes; es ineludible para el ser humano dotar de valor y sentido personal a todo objeto o creación que pueda percibir, que siendo parte de la historia natural, social o personal, reflejan también ideales, como la inspiración poética o la interpretación musical, que satisfacen la intención y evidencian valores. Esto significa que todos los objetos impactan de distintos modos a aquél que los crea o descubre, extendiéndose esta reflexión hacia terceras personas y los matices interpretativos y valorativos que ello implica, lo que posibilita la aceptación de contextos, valores, trascendencia de experiencias y gustos distintos a los propios, tan diversos como personas en el mundo.

Uno de los ingredientes de la felicidad es la satisfacción de la imaginación y del placer de los sentidos y la razón en formas que, ya sea por mano humana o de la naturaleza, son únicas, repetibles sólo en el recuerdo y trascendentes sólo en el mundo humano. En este sentido, ya que la experiencia estética responde al albur vital del drama humano, no se reduce a lo bello o placentero, sino que se extiende hasta la experiencia de lo grotesco, lo cómico, lo trágico y lo doloroso. Los placeres y desagrados producidos pueden señalarse por valores masivos, pero también por un criterio individual que, abierta o censuradamente, puede diferir en sus valoraciones.

La experiencia estética como reflexión filosófica tiene un papel simbiótico en la definición del resto de los valores humanos, la significación existencial y el conocimiento del mundo; implica capturar, sentir y confrontar los valores de todos los ámbitos que hemos interiorizado en un ejercicio a la vez práctico y reflexivo que no busca sino la verdad de la propia vida.

 

Publicado el 05 de octubre de 2009 en El Periódico


La moda de la educación por competencias impuesta por la sociedad del conocimiento

Por Célida Godina
Doctora en filosofía por la BUAP

"Hemos de rechazar la concepción de la educación profesada por aquellos que dicen que pueden introducir en la mente un conocimiento que antes no estaba allí...nuestra argumentación indica que esta capacidad [de llegar a las verdades últimas] es innata en la mente de todos los hombres".

Platón 

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Resulta lamentable que en el mundo entero, en materia de educación, se hable de educar a partir de competencias. Formación por competencias, planes de  estudio basados en el enfoque por competencias, propuestas educativas por competencias… se presenta como panacea que permite realizar mejores procesos de formación académica. Hoy la “educación” es fundamentalmente un instrumento, entendido éste como una técnica con la cual el “recurso humano” se puede insertar rápidamente en el aparato productivo. El estudiante como recurso debe aprender en la escuela habilidades, destrezas, capacidades, actitudes y conocimientos. Dichos aprendizajes mejoran su rendimiento. Esta nueva moda educativa busca reforzar nuevas competencias de aprendizaje como son la capacidad de trabajo en equipo, el fomento de liderazgo, el análisis, la expresión oral y la toma de decisiones. Las competencias, según los que defienden esta moda educativa, son búsqueda de calidad y excelencia, innovación de estrategias didácticas orientadas a la función del conocimiento (conocimiento no como búsqueda de la verdad sino como conocimiento operacional para producir conocimientos aplicativos o performativos generadores de ganancias. El conocimiento ahora cobra valor en la economía del conocimiento, como mercancía, según Lyotard). Para estos modernos pedagogos (proyectos Tunnig, Bolonia y la llamada sociedad del conocimiento) la educación por competencias es la capacidad de ejecutar una tarea de manera inteligente en cualquier situación o contexto. En síntesis, competencia para ellos, es el conjunto de conocimientos, habilidades y destrezas que son aplicadas al desempeño de una función productiva a partir de los requerimientos de calidad esperados por el sector productivo (pensemos que mediante la noción competencias se privilegia el saber hacer y en cuanto al diseño se cuida meticulosamente el hacer, más que el saber hacer, y se aleja o toma distancia el saber sobre el saber hacer, que implicaría una crítica consciente de las consecuencias de la racionalidad política, económica y laboral que ello conlleva). A los docentes en distintos países se les está solicitando certificación de su competencia docente. Ya no basta con tener licenciatura o grado en el campo de conocimiento en el cual se enseña, ahora solicitan certificación de competencia docente, en tanto estamos cerca de estándares internacionales. En una palabra, la razón instrumental como motor de la educación.

     Es falso que el currículo por competencias esté inspirado en Platón. La lectura e interpretación de este filósofo no puede dar para todo ni mucho menos para justificar la razón instrumental en la educación. La educación en Platón tomaba en cuenta las competencias de la persona, competencias no en sentido de técnica instrumental, sino como forma de vida que ha integrado virtudes como: prudencia, valentía o fortaleza, templanza, moderación, autocontrol y justicia. En Platón la música y el arte son importantes para la formación humanista. El arte posee un poder excepcional en la formación del carácter, tanto por su naturaleza como por los efectos que produce en el alma. Como podemos observar Platón no habla de conocimientos nacidos de la razón instrumental como pretenden hacer ver su filosofía.

 

Publicado el 28 de septiembre de 2009 en El Periódico 


 

¿Y para qué la filosofía en tiempos de penuria?

Por Ausencio Pérez Olvera
Presidente de Ixtli. Asociación Nacional de Profesores en Enseñanza Media y Superior de la República Mexicana

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La filosofía liberó al hombre de los antiguos mitos para ver el mundo desde su razón; En la Edad Media, justificó racionalmente la vida cristiana y musulmana; enarboló la emancipación del hombre que devino en las grandes creaciones artísticas, el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico de la Modernidad e impulsó los grandes modelos sociales, económicos y políticos como el establecimiento de la república y la democracia; La filosofía también estuvo presente en las formas de vida social, religiosa, política y económica de todas las culturas prehispánicas; los filósofos ilustrados cobraron vida en las acciones de Miguel Hidalgo y J.M. Morelos; el positivismo de Gabino Barreda, Justo Sierra y Benito Juárez trajo consigo el desarrollo de la ciencia y el progreso; Detrás de las acciones de Madero, Zapata, Villa y Eulalio Gutiérrez, estuvieron las ideas de Antonio Díaz Soto y Gama, Martín Luís Guzmán y José Vasconcelos, quien, por cierto, al lado de Antonio Caso y Samuel Ramos impulsó la formación educativa y cultural del México actual. En suma, la filosofía ha sido siempre, el espíritu de la historia humana.

La filosofía deviene en la historia porque para atender los problemas humanos rebasa las verdades dogmáticas tradicionalmente establecidas o dictadas desde las cúpulas del poder, las cuestiona, las analiza, las transforma y las re-construye a partir de los principios de verdad, justicia y bienestar en nuevas visiones del mundo, mismas que dan un sentido más digno a nuestra vida. Pero ahora que enfrentamos problemas tales como la inseguridad social, laboral o política; el encubrimiento y prescripciones de las más grandes injusticias, el desmantelamiento de los derechos humanos, de salud y de una vida digna; la manipulación y enajenación social, la pérdida del sentido de la vida y de los valores, etc., nos preguntamos ¿dónde están los filósofos?

Es preocupante que “en tiempos de penuria” la filosofía la mantengamos -aún los mismos filósofos - al margen de nuestra realidad y de su naturaleza reflexiva, creadora y transformadora. Es momento de colocar a la filosofía en el lugar que le corresponde, y que salgamos de las aulas y los cubículos a las calles, a confrontar nuestras teorías con los problemas políticos, sociales, culturales, económicos, educativos, ecológicos, etc. actuales, y así darles su cause en la historia a la luz de la filosofía.

 

Publicado el 21 de septiembre de 2009 en El Periódico 


 

Ayudando a Dios y al Diablo

Por Raymundo Morado
Presidente de la Asociación Filosófica de México

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El Observatorio Filosófico de México (OFM) criticó duramente la Reforma Integral de la Educación Media Superior por carecer de la presencia clara y explícita de las humanidades, y, en especial, de la filosofía. La reacción de la Subsecretaría de Educación Media Superior fue señalar que no trataban de eliminar la filosofía y coincidir en que debía hacerse explícito su papel en el bachillerato. El problema es cómo explicitar ese papel. Se requieren especialistas en filosofía para diseñar el apoyo necesario para los profesores y para las propias autoridades educativas.

Para esta tarea, el OFM convocó a cuatro de las más importantes asociaciones de filosofía en el país: el Círculo Mexicano de Profesores de Filosofía, la Academia Mexicana de Lógica, la Asociación Mexicana de Profesores de Filosofía de Educación Media Superior (IXTLI), y la Asociación Filosófica de México. Las cuatro acordaron conformar un Consejo Consultivo Mexicano de la Filosofía.

Aconsejar a las autoridades, del tipo que sean, es a menudo mal visto. ¿Cómo ayudarlos sin contaminarnos de sus errores, sin legitimar sus desaciertos? ¿No deben los intelectuales mantenerse alejados de la toma de decisiones? Necesitamos una sana distancia del poder, pero sin dejar de hacer oír nuestra voz.

La comunidad filosófica mexicana enfrenta el reto de hacer propuestas específicas para el mejoramiento de la educación en nuestro país. Sí, eso significa trabajar con gente con la que a menudo no estamos de acuerdo. Sí, eso significa arriesgarnos a equivocarnos, a dar un mal consejo, a compartir la responsabilidad. Sí, eso significa trabajar los detalles, donde dicen que uno puede encontrar a Dios o al diablo. Eso significa mucho trabajo sin paga, sin reconocimiento público, a menudo sin gratitud.

Pero ya era hora que los filósofos aceptaran el desafío como comunidad y no sólo aisladamente. Hay una enorme deuda con la sociedad mexicana y con los estudiantes en especial. Los filósofos tenemos algo qué contribuir. Y quien cree tener una cura no tiene derecho a cruzarse de brazos frente a una epidemia.

Es nuestra obligación democrática participar en la discusión. Todos podemos colaborar en la búsqueda de las respuestas aunque ninguno tenga de antemano las soluciones perfectas. A menudo es en el diálogo donde aparecen las respuestas más prometedoras. No debemos rehuirlo nunca, ni siquiera con nuestras autoridades.

 

Publicado el 14 de septiembre de 2009 en El Periódico 


 

Ignora la SEP nuestro legado educativo

Por José Alfredo Torres
Vocero del Observatorio Filosófico de México

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En México existen tradiciones históricas realizadas con un esfuerzo humanista y pleno de imaginación. Me refiero a una herencia transmitida por educadores de la talla de Vasco de Quiroga, la Compañía de Jesús, Enrique Rébsamen, Gregorio Torres Quintero, Justo Sierra, Ezequiel A. Chávez, José Vasconcelos, Rafael F. Muñoz, y otros. Son capítulos trascendentes que desplegaron un trabajo en condiciones adversas como la pobreza y el desamparo. Algunas misiones jesuitas en el norte de la Nueva España, por ejemplo, alcanzaron la utopía de educar -para la subsistencia material, espiritual y de respeto a la cultura indígena- a los “más bárbaros entre los bárbaros”: los chichimecas. No sólo lograron su cometido en las célebres misiones del Paraguay, sino también en el México del XVII y XVIII.

Otro ejemplo egregio fue la invasión de libros promovida por Vasconcelos y sus colaboradores. Pese a las críticas de ser un esfuerzo inútil, autores reconocidos universalmente llegaron a rincones de zonas áridas o la alta montaña.

En la escuela estaba la Casa del Pueblo, la misión cultural. El maestro, benefactor de la comunidad, impartía conocimientos, ayudaba en la defensa de los derechos justos, promovía la higiene, la producción y la defensa de los valores patrios.

Más conquistas, aportaron la escuela rural, las bellas artes, las escuelas técnicas nacionalista como el Politécnico del cardenismo. Sin embargo, hemos abandonado nuestro pasado educativo. ¿Por qué ya no aprendemos de él?

Los discursos y los documentos de la SEP, por lo menos, lo han abandonado. Contienen una propuesta y una práctica denominada Reforma Integral de la Educación Básica, Reforma Integral de la Educación Secundaria, Reforma Integral de la Educación Media Superior, etc. Y ninguno de estos parámetros, “basados en competencias”, tiene presente nuestra historia. Basta escucharlos, basta leerlos, para comprobarlo. Entonces, ¿en qué modelo histórico se fundamentan? ¿A favor de qué interés, de qué pueblo, trabajan? En ellos se asienta que del nuestro, por supuesto. Pero sin historia propia, tal pretensión es imposible.

 

Publicado el 07 de septiembre de 2009 en El Periódico 


 

La filosofía, la SEP y la tecnocracia

Por Gabriel Vargas Lozano
Profesor-investigador de filosofía. UAM-I

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En marzo de este año, la comunidad filosófica de México, apoyada por sectores científicos y culturales, inició una intensa lucha para que las disciplinas filosóficas (la Ética, la Lógica, la Estética y La filosofía) fueran consideradas como obligatorias para todos los estudiantes que cursan el bachillerato. ¿Por qué? Porque estas materias habían sido eliminadas, en forma sorpresiva y sorprendente, por los artífices de la actual “Reforma Integral de la Educación Media Superior” que lleva a cabo la SEP.

La causa de fondo fue, aunque nunca se han atrevido a decirlo públicamente, que consideraron que estas disciplinas no contribuían al fin “esencial” de su reforma: adiestrar a los individuos para que se integren “de manera competente” al mercado de trabajo como lo exigen las transnacionales.

Al hacer esta acción, los tecnócratas se equivocaron en dos sentidos: por un lado, las disciplinas filosóficas “bien enseñadas” pueden contribuir a que el bachiller desempeñe cualquier actividad de una manera más competente y por otro, permiten que el individuo tenga los elementos necesarios para que se comprenda mejor a sí mismo y el mundo en que vive.

La Lógica proporciona las bases para formular un pensamiento correcto; la Ética, si es enseñada en forma laica y filosófica, le proporciona al joven los elementos para enfrentar una sociedad inmersa en una crisis de valores; la Estética, a valorar el arte y la literatura como formas de expresión de las pasiones y sentimientos humanos y la filosofía, les muestra como los filósofos han criticado a un mundo injusto y han perfilado un futuro mejor.

La comunidad filosófica logró que la SEP emitiera el Acuerdo 488 en el Diario Oficial de la Federación, en donde se reconocían las materias filosóficas como básicas para todos los estudiantes, sin embargo, hasta ahora, ninguna institución ha movido un solo dedo para cumplir los Acuerdos y los tecnócratas pretenden convertir a las disciplinas en vagos criterios generales que estarían presentes en todas las disciplinas, es decir, otra vez desaparecer a la filosofía.

Estoy seguro que la comunidad filosófica no lo permitirá.

 

Publicado el 31 de agosto de 2009 en El Periódico 


 

Por José Alfredo Torres
Vocero del Observatorio Filosófico de México

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El ministro de Justicia e Instrucción Pública, Justo Sierra, envió una carta (publicada en 1907) a José Yves Limantour, secretario de Hacienda; en ella le planteaba sin ambages:

“Los ferrocarriles, las fábricas, los empréstitos y la futura inmigración, y el actual comercio, todo nos liga y nos subordina en gran parte al extranjero. Si anegados así por esta situación de dependencia no buscamos el modo de conservarnos a través de todo nosotros mismos, y de crecer y desarrollarnos por medio del cultivo del hombre en las generaciones que llegan, la planta mexicana desaparecerá a la sombra de otras infinitamente más vigorosas. Pues esto que es urgentísimo y magnísimo, sólo la educación y nada más que ella puede hacerlo”.

Concebía urgente defender la patria mediante un factor que el propio Sierra denominaba “religión cívica”, manifestación de nosotros mismos emanada de la educación.

¿Defender a la patria? ¿De qué? ¿De quién? De lo que Vasconcelos llamó posteriormente la yanquización cultural y territorial.

El vecino del norte, una planta “infinitamente más vigorosa”, ya había dado muestra de su ambición en 1847, reduciendo a México a la mitad.

Defenderla con las armas, imposible; sí, con una educación magnánima, instauradora del ser nacionalista; incluyente de la técnica, patriota y universal.

Continuamos en el siglo XXI con la urgencia; ahora llamamos de otra manera a los fenómenos aludidos por Sierra: deuda externa, corporación multinacional, libre comercio, dependencia exportadora, competencia mundial. Todo lo cual “nos liga y nos subordina” al extranjero.

El escudo –concebido por Don Justo Sierra-, es decir: la educación, muy apartada está de inculcar la dignidad nacional, la “religión cívica” que nos daría unidad y valentía inteligente contra la dependencia, la voracidad, la invasión cultural, la pobreza espiritual. Por eso Sierra valoraba a las humanidades: la historia, la filosofía, la literatura. Solamente las humanidades dan “el modo de conservarnos a través de todo nosotros mismos, y de crecer y desarrollarnos por medio del cultivo del hombre”.

Contrariamente a la postura de Sierra, las autoridades de la SEP han suprimido la filosofía, reducido la enseñanza de la historia y la literatura, privilegiado el inglés, en la Reforma educativa a nivel nacional. ¿Será, como vaticinaba Sierra, que “la planta mexicana” está desapareciendo “a la sombra de otras infinitamente más vigorosas”?

 

Publicado el 24 de agosto de 2009 en El Periódico 


 

La Reforma de la Filosofía en el CCH 

Por Ausencio Pérez Olvera
Presidente de Ixtli. Asociación Nacional de Profesores en Enseñanza Media y Superior de la República Mexicana

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El Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, está a punto de iniciar una reforma a sus Planes y Programas de estudio. En la última reforma de 1996, se eliminó del Plan de Estudios a la “Lógica”, dejando solamente Filosofía 1 (Introducción a la filosofía y a la lógica) y Filosofía 2 (Ética y Estética) como materias obligatorias, y Temas Selectos de Filosofía 1 y 2 como optativas. Con la pérdida del espacio para el estudio de la lógica, se hizo a un lado la posibilidad de formar estudiantes capaces de formular argumentos y razones que de manera individual y colectiva nos aproximen a la verdad, al bien y a la justicia; personas capaces de llegar a acuerdos para un beneficio común, con una actitud crítica pero respetuosa, pacífica y constructiva. Ejercitar nuestro pensamiento mediante la lógica es indispensable en una sociedad como la nuestra, en donde las personas se han convertido en un depósito de información publicitaria, injustificada y banal, sometidas a los intereses de los grupos de poder. Es por ello necesario reforzar la enseñanza de la filosofía en el CCH, integrando la Asignatura de “Lógica, Pensamiento Crítico y Teoría de la Argumentación”; debemos abrir un espacio en  Filosofía 1 para abordar los problemas fundamentales de la historia de la filosofía así como recuperar el pensamiento filosófico mexicano y latinoamericano que desde siempre ha sido desplazado por una concepción eurocentrista y norteamericanista, que nos han presentado como modelo a seguir. Asimismo, se deben conservar y extender las Optativas de Temas Selectos de Filosofía 1 y 2 a todos los estudiantes, independientemente de la carrera que elijan. Estas les serán de gran utilidad porque en ellas encontrarán los elementos necesarios para una educación basada en el conocimiento científico (TSdF1) y una reflexión sobre la sociedad y el poder que una materia como Filosofía Política les puede ofrecer (TSdF2). El M. en C. Rito Terán Olguín, Director General del CCH, ha expresado públicamente su compromiso con las Humanidades y en especial con el mejoramiento de la filosofía en esa institución, tal como lo manifestó en su participación durante los dos primeros coloquios que organizó Ixtli en 2007 y 2008 sobre la enseñanza de la filosofía en el nivel medio-superior.

 

Publicado el 17 de agosto de 2009 en El Periódico 


 

Educación en Quiebra

Por Shirley Florencia de la Campa

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Los efectos de la globalización económica en el ámbito educativo son evidentes, siendo sus principales impulsores los organismos financieros internacionales, provocando que la educación pase de ser un derecho social a un instrumento de producción. Incluso la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico se perfila, frente a la UNESCO, como la máxima autoridad mundial en educación y economía, patentando una gestión del conocimiento donde no es prioridad el desarrollo de las capacidades humanas, la dignificación del trabajo se olvida y el individuo queda inmerso en el aislamiento del privatismo, el consumismo y lo efímero de la estabilidad económica.

La “educación para todos” y la movilidad social que suscita esta concepción eficientista de la enseñanza son un espejismo si se advierte que los sectores productivos controlan con disimulo los modos de intervención social -como puede ser la educación- orientando los lineamientos y frutos del conocimiento a su propio desarrollo. Esto facilita el control ideológico mediante la difusión y exaltación sistemática de los valores y expectativas de la globalización económica como universales.

Las reformas educativas de varios países -incluido México- responden a estas tendencias, donde se cultivan poco, nada o equívocamente nociones formativas mínimas de identidad nacional, cultural, ética o desarrollo del sujeto, resultando en la formación de seres indiferentes y tecnólogos de baja capacidad imaginativa, de razonamiento apenas inmediato, apáticos a proyectar y marcar los cambios que la sociedad demanda. No hay cabida para la duda, la iniciativa o la crítica, y los parámetros de bienestar se miden sólo en términos de adiestramiento y labores especializadas que conceden alguna comodidad y un incierto estatus social.

Pareciera que la estrategia gubernamental es igualmente clara: se privilegia esta visión de la educación no tanto para insertar a los jóvenes al mercado de trabajo, sino en dirección de consolidar una hegemonía sobre la educación, la ciencia y el progreso tecnológico dirigida a la prioridad del desarrollo económico nacional. Se desdibuja el principio de formar seres humanos integrales que no viven sólo para trabajar y consumir, quebrándose la esencia de la educación que, en palabras del filósofo Rousseau, es el único camino para que “un hombre se vuelva lo que es posible que sea”.

 

Publicado el 10 de agosto de 2009 en El Periódico 


 

La Desaparición de la Filosofía

Por Gabriel Vargas Lozano

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Existe una poderosa tendencia mundial que pretende eliminar, en los hechos, a todo lo que huela a filosofía. Así se puso de manifiesto en la “Reunión de alto nivel sobre la enseñanza de la filosofía” organizada por la UNESCO en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, los días 8 y 9 de junio pasados, a la que fui invitado por esa organización para exponer lo ocurrido en nuestro país. En efecto, en el propia sede de la reunión así como en otros de Latinoamérica, suprimieron las disciplinas filosóficas en el bachillerato desde 1997 convirtiéndolas en disciplinas “transversales”, es decir, supuestamente “incluidas en las demás disciplinas sin asignarles un lugar independiente”. El resultado fue que la filosofía no apareció en ninguna parte y los estudiantes dejaron de estudiar Lógica, Ética, Estética o Historia de la filosofía propinándole, a la vez, un golpe de muerte a las Facultades de Filosofía y Letras que tienen la función de preparar maestros para estas disciplinas. Pero además, la propia directora de la sección de humanidades de la UNESCO, Dra. Moufida Goucha, denunció que en la propia organización mundial había una corriente que buscaba suprimir los programas de desarrollo de la filosofía. La pregunta que surge entonces es ¿por qué esa actitud en contra de la enseñanza y difusión de la filosofía? hay muchas respuestas que he expuesto en mi ensayo incluido en el libro colectivo La filosofía mexicana ¿incide en la sociedad actual? (Ed. Torres Asociados, México, 2008) pero mencionaré solo una: se trata de privar a la sociedad de los instrumentos necesarios para ejercer un pensamiento crítico, laico y científico, substituyéndolo por un tipo de mentalidad superficial fácilmente manipulable desde el punto de vista económico, político e ideológico. Los estrategas de la OCDE, del FMI o del BM consideran que el fin de la educación es preparar al individuo para el desempeño de sus profesiones u oficios sin que tomen conciencia de la crisis por la que atraviesa el mundo en que vivimos. La filosofía es el antídoto para la enajenación y el mejor instrumento de construcción de una ciudadanía activa como lo requiere nuestro país. Es por ello que la tecnocracia busca eliminarla a como dé lugar. Afortunadamente existe en México una comunidad actuante que no lo permitirá.

 

Publicado el 3 de agosto de 2009 en El Periódico 


 

Por José Alfredo Torres

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Recientemente la UNAM se deslindó de la Reforma Integral de la Educación Media Superior. Tanto el exrector De la fuente, como el actual, José Narro Robles, han insistido en el rechazo a criterios mercantilistas para otorgar educación a todo mexicano que la requiera, que la solicite. ¿Una educación al servicio del mercado, un economicismo invasor de la política educativa estatal, una visión empresarial al respecto, o como quiera llamársele? No, pues convertiría en elitista un bien público asentado -como tal- en la Constitución, y ganado a pulso mediante luchas históricas, por ejemplo, contra la Iglesia.
La producción fabril reproduce mercancías en serie; y lo mismo parece tratarse de conseguir a través de la Subsecretaría de Educación Media Superior: no se desea, por supuesto, generar productos en línea, sino algo parecido: características homogéneas, habilidades idénticas, destrezas uniformes que los jóvenes deberán adquirir como una marca a su paso por la escuela. A esa clonación del carácter juvenil la llaman “competencias genéricas”, “competencias disciplinares”, etc. Igualmente, los maestros, los directores, tendrán que adquirir las “competencias” clasificadas para desempeñar su actividad profesional. ¿Qué sucederá con aquellos estudiantes, profesores, directores, centros escolares, cuyas peculiaridad cultural o profesional, les impida conciente o inconscientemente obtener el perfil asignado –que no elegido consensuadamente? Sólo hay una respuesta: estarán fuera; fuera del ofrecimiento escolar, de la gestión oficial; de los recursos económicos y materiales, como acaba de sucederle a la UNAM (públicamente, el Subsecretario de Educación Media Superior, le ha negado insumos para becas; para cursos profesorales; para materiales de aprendizaje; para mejorar la infraestructura del bachillerato universitario). ¿Por qué? Por negarse a aceptar la reforma oficial de la educación media superior; por ser una institución humanista que tiene un ethos: respetar la dignidad, la opinión de los educandos, el diálogo justo, sin abandonar el rigor y la honestidad en el conocimiento. No queremos pensar que la represalia tenga semejanza con la aplicada a los obreros reacios y críticos.

 

Publicado el 27 de julio de 2009 en El Periódico 


 

Por José Alfredo Torres

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            Los liberales mexicanos, desde Mora, Altamirano, Barreda, Sierra o Vasconcelos, lucharon arduamente para construir un Estado republicano y democrático. Su afán nacionalista los empujó a dar la batalla por la modernización de la nación, por la soberanía; por la educación que, lenta pero segura, formaría generaciones en el cumplimiento de los ideales. Nada podía lograrse sin esquemas mentales y prácticos que el Estado fomentaría en la escuela. El mexicano, defensor de la moral laica, del federalismo y la democracia, debía abandonar –así lo preveían- el sometimiento al clero, a la monarquía, al colonialismo. Sólo una educación humanista podría generar la emancipación. Y, en esta tarea humanizante, incluían la necesidad de estudiar filosofía. Ellos mismos la conocían a fondo y la proyectaban en la discusión, los argumentos, la visión política, la concepción de la propiedad.
¿Qué pasó después? ¿Dónde quedó la tradición educativa, originada por quienes nos legaron la Nación? Si la filosofía también era fundante (de lo soberano, lo emancipador, lo modernizante), ¿por qué ahora, en el 2009, la eliminan de la enseñanza oficial? Ya los próceres de los congresos constituyentes de 1824, del 57 o 1917, parecen haber desaparecido del mapa ideológico, y ello se constata en la educación actual: comparándola, se ha deshumanizado; se ha desnacionalizado. Ello da pie a una reflexión. Si nuestra educación ya no hinca su raíz en la tradición política y educativa de los mexicanos, entonces ¿dónde lo hace? Una respuesta sale a relucir: lo estaría haciendo en el suelo del Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el bloque económico de América del Norte. Allí, no crece la enseñanza de la filosofía, la defensa de nuestros bienes. Mucho bien nos haría resucitar el espíritu educativo y liberador de los próceres.

 

Publicado el 16 de julio de 2009 en El Periódico 


 

UN OBSERVATORIO ¿PARA QUÉ?

Por Gabriel Vargas Lozano

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            En los últimos años, tanto en México como en el mundo, se han venido fundando una gran cantidad de observatorios como los de ciudadanía, democracia, violencia, de género, sobre la pobreza, etc., que tienen el cometido de acopiar información sobre el tema, analizarla y difundirla con el propósito de advertir a la gente sobre anomalías, irregularidades o injusticias y lograr su corrección. Se trata de construir una opinión pública que exija a las instancias de gobierno o de poder el cumplimiento de ciertos objetivos. Los observatorios astronómicos son el mejor ejemplo: los científicos descubren en la atmósfera un hoyo en la capa de ozono y advierten a la opinión mundial sobre las causas y las consecuencias del hecho para que se tomen las medidas correspondientes. Es por ello que es deseable que se formen muchos observatorios conformados por especialistas y que sean independientes de cualquier compromiso con las instancias de poder.  
Fue por ello que se creó, apenas hace unos meses (18 de marzo) el Observatorio Filosófico de México y éste detectó, en forma inmediata un primer y sorprendente problema: el actual gobierno inició, el año pasado y en forma casi subrepticia, una reforma educativa que cambia drásticamente la enseñanza en todos los sistemas de bachillerato, mediante un Acuerdo de la SEP publicado en el Diario Oficial. En este Acuerdo, desaparecían, por primera vez en la historia, la ética, la estética, la filosofía y la lógica como disciplinas obligatorias para todos los estudiantes. Cuando trascendió la noticia, diversas asociaciones filosóficas señalaron este hecho escandaloso pero las autoridades no hicieron ningún caso. Por tanto, se constituyó una coalición de fuerzas que integraron un “Observatorio Filosófico” que recibió un apoyo completo de la comunidad filosófica y científica y tras una fuerte lucha, logró que el gobierno retrocediera, incorporando de nuevo las materias filosóficas en los planes de estudio. Ahora falta que el Colegio de Bachilleres, la Conalep, los CECYT, las preparatorias dependientes de las Universidades y de los gobiernos  las incorporen. La incógnita que quedó es ¿por qué la SEP eliminó esas asignaturas? En la respuesta a esta pregunta está la clave de la reforma educativa del gobierno actual. Lo abordaremos en una siguiente entrega.


 
   
 

Observatorio Filosófico de México - Tomando el Pulso de la Filosofía en México

 
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