LA NECESIDAD DE LA TRANSFORMACIÓN DE LA EDUCACIÓN EN UNA CUARTA TRANSFORMACIÓN

POR Rodolfo Daniel Luna Mora[1] 

A partir del 1 de Diciembre de 2019 Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el presidente 57 de México y con ello se inauguró lo que él llamó “la cuarta transformación”. Dicha etapa, la nombra así, porque será, o está siendo, el cuarto suceso paradigmático dentro de la historia de la vida política de un país como México.  La primera gran transformación en México, según López Obrador fue la Independencia del país, aquel movimiento armado (1810 a 1821), que inició con Hidalgo y termina con Iturbide, para liberarse de tres siglos de dominio de la corona española. Le siguió la guerra de Reforma, que fue una batalla interna del país entre las dos alas políticas, los liberales y conservadores, ésta data de 1858 a 1861. En dicha coyuntura aparece, un personaje celebre para López Obrador, Benito Juárez quien tras este conflicto promueve la separación de la Iglesia y el Estado, con la declaración de las “Leyes de Reforma”. Como tercer movimiento de transformación aparece la Revolución Mexicana, movimiento armado que encabezan personajes como Emiliano Zapata, Francisco I. Madero, Francisco Villa entre otros, con la finalidad de destituir el régimen del general Porfirio Díaz, presidente relecto entre 1910 y 1917.

Ahora bien, ¿qué ha sucedido con la educación en todas estas trasformaciones y cuál puede ser el destino que nos depare, en ese rubro, en esta nueva cuarta etapa? Si bien siempre han existido proyectos de educación en México es hasta la presidencia de Benito Juárez[2]  (y periodo de la segunda transformación) donde aparece el primer proyecto de una educación de calidad, ya que una de sus mayores pretensiones era el de expandir la educación pública, laica  y gratuita  por el todo el país; fue así que apoyado en una estructura educativa realiza por Gabino barreda, empezó  con la construcción de cientos de escuelas.

Barreda era un hombre que apoyaba la corriente positivista pero, a diferencia del positivismo europeo, en México el positivismo tuvo una perspectiva nacionalista, con ello lo que Barreda buscaba era establecer, desde la educación un orden y un progreso (como lo diría el lema del positivismo) que tanto anhelaba un país que no dejaba de estar en conflictos armados.

Durante el año 1867 Barreda  pronuncio la que él llamó “Oración cívica” donde pretendía enaltecer la libertad que se ha ganado México, además enunciaba ese proyecto de educación que liberaría  a todos los mexicanos de cualquier dogma y para ello se tenía que dejar atrás esos días donde la imaginación explicaba todo, por eso se tenía que aceptar que ahora los fundamentos se encontraban en la ciencias, porque ese sería el único camino de lograr la paz. Así que Barreda lo que pretendía era hacer una invitación al pueblo mexicano para buscar la estructura de un nuevo futuro, el cual estaría fundado en la educación (está educación basada en principios científicos).

Pero con el movimiento de Revolución (tercera transformación) vino el fin del proyecto educativo de Barreda y nació, en manos del Rector de la universidad nacional, José Vasconcelos un proyecto educativo donde la educación y el nacionalismo fueran el tema principal para todo el país y fue en su etapa en la Secretaria de Educación donde intento llevarlo a cabo.

Uno de los primeros pasos del proyecto fue  llevar la educación a todas aquellas entidades reprimidas u olvidadas, por primera vez se pretendió llegar a las comunidades indígenas y eliminar el analfabetismo de forma total del país. La intención llevar la educación a los indígenas era para formar un nuevo plan de trabajo para ellos, es decir no era tratarlos como si no supieran o pudieran aprender, por el contrario, se buscaba empezar a forjar una igualdad entre toda la sociedad mexicana y por ello se requería de que la educación llegara a todos los habitantes del país.

Detalle del Mural ‘La historia del siglo XX’ (frag) de José Atanasio Monroy CUCEI UDG

 Vasconcelos creía que la campaña de alfabetización tendría que ser pasajera, debido a que el buen funcionamiento que se esperaba en todas las escuelas del país sería la solución del problema educativo. Pero Vasconcelos se dio cuenta que no solamente era una tarea del gobierno el lograr erradicar el analfabetismo, sino que el propio pueblo debe estar interesado en lograrlo. Lo que pretendía con la alfabetización era acabar en la sociedad con desigualdades, por lo tanto rechazaba el formar una elite de intelectuales que fueran los que gobernaran, la intención de llevar a todo el país  la educación era el crear un programa de socialización de la cultura y para ello contrato maestros que fueran a los pueblos a educar a las comunidades, eran maestros misioneros, como les nombraron.

Algo que destacó el proyecto de Vasconcelos es que pudo ver que Barreda y sus ideas fueron las ideales para reconstruir ese espíritu nacional, llevándolo a conseguir un orden económico, industrial y para la enseñanza y aplicación de conocimientos científicos, que fueran verdaderamente útiles, pero que ahora se debía trabajar en lograr una igualdad social.

Como vemos los problemas de la educación en México quizá ya está dejando de ser un problema, ya que el programa iniciado por Barrera y Vasconcelos ha logrado dar efecto y resultados dentro del país. Ahora el problema y las desigualdades dentro de la educación se reflejan de otra forma, en este momento son las calificaciones reprobatorias los que tenemos como parámetro o  referente de educación, y el conflicto está en que ya no nos sorprende que no sean favorables, nos estamos acostumbrando a ser el país 64 de 64 participantes. Lo más preocupante del problema es que nuestro país cuenta con un artículo constitucional (desde la tercera transformación) que respalda en todo sentido a la educación, además posee una base excepcional para poder desarrollar uno de los mejores sistemas educativos del orbe, aunado a una inversión (en el sistema educativo) bastante generosa, comparado con la mayoría de los miembros pertenecientes a la OCDE.

El artículo tercero constitucional establece que todo individuo posee el derecho de recibir educación básica, que es la que le compete al Estado Mexicano, es decir que el Estado proveerá a cualquier persona de educación. La educación provista por el gobierno federal tendrá que ser de corte laico y gratuito; tendrá como fin desarrollar la convivencia humana; los planes de estudio de la educación básica, serán determinados por el Ejecutivo Federal; deberá promover la investigación científica y tecnológica; podrán existir instituciones educativas privadas, pero tendrán que ser validadas por la Secretaria de Educación Pública;  respecto a las universidades, ellas cuenta con autonomía en su plan de estudios y libertad de cátedra.[3]

Parece entonces que nuestro artículo otorga todas las facilidades para que se pueda ejercer un sistema educativo, que ofrezca buenos resultados. Entonces, ¿dónde se encuentra el problema de la educación y que debe pasar con ella en esta cuarta etapa del país? Si la base política es bastante fuerte y apoya en todo sentido el sistema educativo, ¿porque el déficit  o carencias de ésta?

Para empezar el maestro no busca más el educar al pueblo, se ha desentendido de la responsabilidad de denunciar el mal ethos de la praxis educadora, y esto se ve reflejado en los problemas de educación, se ha desentendido tanto de su labor social que ha estado a punto de perder cualquier injerencia en la educación. Por ejemplo en el positivismo de Barreda se buscó que el maestro fuera una gran base para el surgimiento de una buena educación, estructurada, definida y con un propósito para el país, fomentar el nacionalismo y los valores positivistas, aunque, como cualquier corriente tiene caducidad.

Con Vasconcelos se buscó que la educación y los maestros llegaran a todos los rincones del país, no se distinguió clases sociales o lugar de procedencia, ni mucho menos etnias, al contrario,  buscaba igualar la sociedad, desaparecer las diferencias sociales y establecer un vínculo de identidad en la nación por medio de la educación.

Lo que Vasconcelos intentó fue popularizar la educación y arrebatárselas a la elite del país, para muestra de ello está la universidad popular y la facultad de humanidades, su visión no distaba mucho de la de su maestro Justo Sierra, ya que al igual que él, lo que buscaba era llevar la educación y maestros a todo el país.

Como vemos la figura del maestro es muy importante que tenga injerencia en la sociedad, porque la sociedad mexicana se encuentra urgida de esa figura que pueda guiar como educador, para así lograr instruir y formar mejor a las generaciones emergentes. Porque aun con toda la inversión en educación en el país (que alcanza el 6% del PIB) seguirá sin ser suficiente ante la falta de interés vocacional de los docentes  por nivelar y terminar con las desigualdades e injusticias que ocurren dentro de los organismos encargados del sistema de educación.

Es claro que el problema en México es en vía de intereses, no es que no existan recursos para tener un eficiente sistema educativo, el problema radica en que los encargados de distribuir esos recursos tienen intereses muy diferentes a los de la educación y los que tendrían que ayudar con la crítica, se han desentendido del problema y es ahí donde el gobierno que encabeza la cuarta transformación debería a marcar el paradigma.

Porque, después del proyecto de Vasconcelos, en este país no sé está cumpliendo con una de las premisas del educador –según Sócrates- de no lucrar con la educación, de no ver en ella un negocio con el cual se puede enriquecer fácilmente. Es aquí donde el sistema educativo mexicano se vuelve obsoleto y necesita de un cambio de paradigma de una cuarta verdadera transformación y no de un cambio de modelo educativo que sirva a intereses partidistas, ya que no importa que se tenga el mejor sustento constitucional y el mejor ingreso, para un proyecto educativo mientras no interese la educación a los encargados de ejercerla México jamás subirá del lugar 63 en las pruebas internacionales y mucho menos lograra una igualdad social.

Se debe formar una cultura de evaluación constante, donde la crítica al mal uso de los recursos educativos prepondere; donde el docente ayude al desarrollo y praxis de un mejor ethos en los alumnos y en general en todos los formadores de nuevos individuos. Se debe buscar la forma incitar el deseo por el saber en aquellos que se encuentran renuentes, pero antes de todo esto, debe comenzar por romper esa esfera en la cual se encuentra herméticamente encerrado y de la cual no han querido salir, todo con la finalidad de romper con las diferencias y la desigualdades  Y ese debe ser el cometido de un nuevo paradigma educativo, no sólo buscar criticar el modelo educativo anterior, eso no significaría transformar al país.




[1]  Licenciado en Filosofía, UNAM. Maestrante en Pedagogía, UNAM. Dependencia: Posgrado UNAM. E-mail: danlu307@gmail.com

[2] Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, 161 edición.

[3] En el periodo comprendido del 15 de Mayo de 1867 al 18 de Junio de 1872

 

 

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MIRADAS FILOSÓFICAS EN RETROSPECTIVA A LA CUARTA TRANSFORMACIÓN NACIONAL Y LA EDUCACIÓN

 

Por mario Magallón Anaya [1]

La Cuarta Transformación Nacional y la Educación

En la actualidad la educación del ciudadano de los miembros de la sociedad y de los grupos comunitarios, deberá ser una de las preocupaciones centrales del actual gobierno, si  se desea un cambio radical y verdadero. El balance sobre el papel de la Educación en el siglo XX no ha sido suficientemente satisfactorio, no obstante que tuvo algunos aportes sustantivos, puede decirse que no resolvió los problemas éticos de equidad, justicia, solidaridad y libertad, sino, más bien, se potenciaron aquellos que habían sido la razón que la Revolución Mexicana de 1910: injusticia, desigualdad: económica, social, política, pobreza, miseria, exclusión, destrucción, violencia y muerte.

El artículo 3º. Constitucional ha sido modificado diversas veces desde la Constitución del 1917 hasta la actualidad, de acuerdo con los intereses del poder y de algunos gobiernos en turno, para caer en el desgasta de los goznes sociales, políticos, sociales, económicos, científicos, tecnológicos, humanísticos y culturales de la Revolución Mexicana, en la que el núcleo teórico ontológico y epistemológico era el ser humano, la sociedad igualitaria, equitativa y justa. Es la propuesta de una filosofía política de la educación, donde el objetivo central era la “educación armónica e integral del ser humano;” de desarrollo y crecimiento de las potencialidades capacidades, habilidades en relación solidaria con el ser humano.

Las diversas reformas educativas de las tres últimas décadas del siglo XX, obedeciendo los dictados del capital empresarial nacional y las empresas globales, sumieron aún más en la inequidad y la violencia al país; los valores y principios regulativos de la convivencia y solidaridad de la ética ciudadana en los Planes y Programas de Estudios se fueron diluyendo, hasta potenciar formas educativas positivistas, como respuesta a los intereses del capital y el mercado, donde la eficiencia y la eficacia potenciaron la competencia, exclusión, desigualdad social, racismo; consecuencia del reacomodo de los intereses del proyecto neoliberal y la desaparición del Estado de bienestar. 

Paulatinamente aumentó la corrupción, las relaciones cómplices entre el Estado (gobierno) y la empresa privada, donde se subsumen políticos y empresarios; muchos de ellos transitan entre la política y la empresa. En las tres últimas décadas del siglo XX y lo que va del siglo XXI, con la implantación del neoliberalismo, la situación de la Educación ha sido catastrófica; donde hay una tendencia privatizadora en todos los niveles: primario, secundario y terciario.

La educación por competencias impuesta por el Banco Mundial y la OCDE en nuestro país y en los “países emergentes,” ha potenciado diferencias y exclusiones raciales, culturales, de género,…; la educación parece haberse quedado retrasada respecto a las necesidades y la formación de una ética ciudadana, de la sociedad y las comunidades étnicas y los demás grupos sociales que la conforman; la aspiración a la legitimidad y a la legalidad de la vida democrática radical y la responsabilidad política comprometida y responsable con el país, pasó a los “sótanos escatológicos,” obscuros y sucios de los dueños del poder político, económico y social; como a la vez, el combate a la corrupción y a todo tipo de discriminación, llevo a la confusión entre las políticas educativas impuestas, con la filosofía política educativa éticamente responsable y solidaria con el otro.

La educación por competencias marginó la participación del sujeto educativo para convertirlo en medio y no en fin del proceso  y del extraordinario “arte de educar;” es decir, se convierte a los educandos en mera mediación, en objeto, en cosa prescindible y desechable, lo cual rompe y margina los principio filosóficos fundamentales de la antropoética educativa del Artículo 3º. de la Revolución Mexicana, donde el centro fundamental eran todos los mexicanos y mexicanas.

Los caracteres y principios políticos, filosóficos, éticos, sociales, científicos, tecnológicos y culturales contenidas en la Constitución de 1917, han de radicarse en el Proyecto Nacional de la Cuarta Transformación, si busca recuperarse la equidad, la igualdad, la justicia, los derechos humanos: civiles, sociales y de la Naturaleza. Esto es, ni más ni menos, la recuperación del ser humano: de los mexicanos y mexicanas del hábitat.

La historia muestra que un país sin un proyecto educativo éticamente responsable y comprometido con todos los ciudadanos, sin privilegios, es un país justo y democrático; mientras que si favorece a un sector o sectores y excluya a otros, es antidemocrático, excluyente e injusto. Para ello es importante recuperar la libertad en el acto de educar y transmitir: historia, tradición, legado, experiencias de vida, principios éticos, políticos, científicos, tecnológicos nacionales e internacionales en servicio del ser humano y la sociedad.  

Más aún, en la educación indígena hasta la actualidad, no se han cumplido con las expectativas y demandas de las comunidades de los pueblos originarios y de la tercera raíz, inclusive, puede decirse analógicamente pertinente, lo de cualquier otro grupo humano u organización social de la sociedad mexicana. De tal manera, la línea educativa de la modernidad actual es opuesta rotundamente al proyecto de modernización de liberales, conservadores, neoliberales, neoconservadores a través de la historia; iniciada por Benito Juárez, quien consideraba que los pueblos indígenas estaban negados para asimilar la modernización y la cultura moderna; empero, el Movimientos Armado Neozapatista se encargo de desmentir la propuesta liberal y neoliberal, señalando y reclamando su inclusión en el proyecto modernizador: “nunca más sin nosotros.”

La educación implica el viejo principio de corresponsabilidades y compromisos entre el Estado, la sociedad, la comunidad y los diversos grupos sociales y económicos. Por ello, el Proyecto Nacional de la Cuarta Transformación, ha de ser la reconstrucción de la Nueva Nación Mexicana con ideales y proyectos. Ello implica reconocer el viejo proyecto educativo cardenista: de llevar la comunidad a la escuela y la escuela a la comunidad.

La educación es una de las posibles vías que permita reorientar los principios de: justicia, equidad, solidaridad, libertad, reconocimiento, solidaridad… que regulen las relaciones entre los educandos, los educadores y los ciudadanos, en la aceptación de la diversidad y la diferencia de los sujetos,  comunidades y los diversos grupos que conforman la Nación Mexicana. 

Es en la sociedad, la familia, el aula, la comunidad, donde ha de darse un ejercicio analítico y crítico entre los miembros, en un diálogo de comunicación y entendimiento sobre un problema común: la Nación, lo que puede permitir romper con las cadenas de corrupción, exclusión, pobreza, racismo, hambre, populismos, de muy diverso carácter; con los problemas de género, autoritarismos, antidemocracia, totalitarismos, violencia, crimen organizado, destrucción y muerte; todo aquello que lleva implícito la biopolítica como mediación y utilización de los seres humanos a través de la política, el poder, el dominio: de los cuerpos y las almas, por grupos de poder real, organizaciones criminales, mafias, crimen organizado, narcotráfico.

Para ello es necesario replantear, desde el Proyecto Nacional las estrategias y alternativas para los cómos, los porqués y los paraqués, en lo económico, político, social, científico, tecnológico, cultural, de comunicación e información, donde el horizonte ético, filosófico, político, social sean los mexicanos y las mexicanas, sin exclusión.

La renovación de la convivencia social, comunitaria es la construcción utópica que se expresa y hace posible la resemantización de las manifestaciones histórico-conceptuales en el marco de las concepciones antropológicas, éticas, sociales, políticas, educativas, de seguridad, y de accesibilidad de todos a los espacios públicos, de servicio y tomar parte en las decisiones relativas a la vida en común. Por ello es necesaria la reconstrucción de conceptos, categorías y marcos teórico-epistémicos dialéctica y procesualmente abiertos, que posibiliten el conocimiento del Estado, el gobierno, la sociedad, la comunidad, y desde allí reorientar las formas de organización productiva, del empleo y de relación democrática. La relación del ser humano, de la persona humana con la sociedad y la comunidad ha de tener por finalidad: actuar con justicia y equidad social, lo cual implica el equilibrio igualitario en cuanto a las oportunidades, posibilidades y derechos para todos y todas sin excepción.

Amitai Etzioni  considera que el principio ético de las personas radica en que todos deben ser tratadas como fin y no como un medio, esto, hipotéticamente, hasta hoy ha sido ampliamente reconocido. Bastante menos aceptada la significativa observación sociológica de que es en las comunidades, y no en el Estado o el mercado, donde este principio está y ha de ser legitimado o institucionalizado, en sus prácticas. Igualmente es fundamental el reconocimiento en una sociedad, donde nadie sea rechazado; tratar a todos con idéntico respeto, reconocimiento en equidad y justicia; conceder a todos el status de fines en sí mismos y, por lo tanto, todos tienen la oportunidad y son capaces de alcanzar su más completo potencial crecimiento y desarrollo. La idea comunitaria básica ha de estar sustentada en el mismo principio: todos los seres poseemos, al mismo tiempo, el derecho a ser tratados como fines y, por lo mismo estamos comprometidos a tratar a los demás y a nuestras comunidades del mismo modo como nos tratan a nosotros.[2]

El progreso de las comunidades humanas, como son los pueblos originarios, los de la tercera raíz, los mestizos y las otras diversidades étnicas en México y nuestra América han sido el producto de las relaciones de dependencia, interdependencia, dominio, interinfluencias, que en algunos casos han alcanzado la fusión y la síntesis en el todo social. Aunque, debe advertirse, que no siempre se dan las síntesis culturales, históricas, tradiciones, conocimientos e imaginarios, porque en ellas residen, están presentes las relaciones entre dominador y dominado, cosmovisiones, formas ideológicas como concepciones del mundo y de la realidad y la vida.

Es allí donde la educación tiene una gran responsabilidad, como es la de preparar a los seres humanos para las sociedades y comunidades humanas que aún no existen, pero que se están construyendo cada día: tránsito dialéctico procesual de análisis entre el pasado, desde un presente vivo, vital y el futuro que se construye ahora.

En momentos de aceleraciones, cambios y transformaciones vertiginosas en sociedades complejas absolutamente dependientes: económica, política, social y cultural, la educación, la enseñanza-aprendizaje, las didácticas críticas en todos los niveles, se han convertido, en formas legitimadoras y reproductoras de la “comunicación” y la información mediática y de redes sociales, que impiden visualizar la formación de sociedades nuevas, más alternativas y esperanzadoras, donde se recobre la dimensión humana y la solidaridad responsable con el otro. Esto ha roto con el compromiso y responsabilidad ética y social, para ubicarse en el posdeber, en el espacio-temporal que ha roto reglas y principios que regulen la convivencia y respeto.

Por ello es importante reconocer que las interrelaciones e interdependencias entre las comunidades y las sociedades humanas, demanda luchar por la liberación política igualitaria y social, hasta conseguir la plena participación humana en el manejo de la cosa pública; lo cual implica la liberación histórica y social que supere las alienaciones materiales, ideológicas, políticas y culturales, ejercidas a través de los medios sociales de comunicación, información y de las redes sociales que se oponen, algunas, no siempre conscientemente, a la recuperación del ser humano situado históricamente. Es urgente luchar social y comunitariamente por la liberación social, política y económica, por la superación de las injusticias, las desigualdades, la explotación y la violencia institucionalizada y la no institucionalizada,  y ésta última es la que mayoritariamente la realidad social mexicana.

Es necesario plantear un proyecto alternativo  de lucha que permita la recuperación de lo humano, de los derechos y las libertades. Empero, debe cuidarse mucho que la lucha por la justicia no se fundamente en coartadas y racionalizaciones “moralistas” de diverso origen y carácter, que encubran la estructura de explotación, marginación y exclusión. Es necesario ir, por la educación en general, no sólo la formal, a la conformación de la sociedad autocrítica y participativa y democrática radical, convivencial y comunitaria radicada en el diálogo y entendimiento; e ir de la sociedad cerrada a la abierta; a la libertad, respecto, reconocimiento, equidad, justicia y solidaridad con nosotros y los otros.

Sabemos, que en la práctica, la democracia que se concede a las sociedades en nuestros pueblos es profundamente selectiva y excluyente. Es urgente que todos: sociedad, comunidad, grupos, sujetos sociales, etnias, individuos, etc., nos ocupemos de aspectos fundamentales: de convivencia, de relación humana en una práctica justa y solidaria con los mexicanos y otros de grupos humanos, sociedades, comunidades en el mundo.

Es cardinal recuperar la facultad de pensar y percibir, porque es el modo como los seres humanos se han asentado en el mundo, y que, a través del  tiempo, han funcionado de acuerdo con las características de los diversos territorios, regiones y zonas geográficas;  donde los seres humanos muestran su capacidad de adaptación y transformación de la naturaleza y la capacidad para producir productos manufacturados e inteligibles: culturales, concebidos como extensión y aprehensión de la naturaleza: como lo son la cultura, los lenguajes, las formas de habla, la representaciones ideológicas, los imaginarios sociales, lo simbólico,… de forma creativa e imaginativa, todo lo cual se expresa a través de conceptos, categorías, símbolos, formas expresivas, discursos de significación y sentido; modos de aprehender los objetos de las realidades materiales y espirituales, constituyentes de campos de conocimiento, saberes, cosmovisiones del mundo.

De la cosmovisión del mundo y de la vida emergen mitos, sueños, rituales y las diversas formas expresivas, representaciones e imaginarios, desde donde se muestra una manera de pensar enraizado en la producción de las condiciones de existencia que objetiva un modo de ser universal desde la especificidad histórica de lo particular. La preocupación central es mostrar algo común al ser humano: la razón, la racionalidad, la creatividad, la imaginación como ejercicio de un pensar significativo y expresivo.

En la actualidad el objetivo de las autonomías de los sujetos, pueblos y culturas es garantizar la defensa del derecho a la construcción de la identidad, como a la libertad para resguardar sin interferencias ajenas, las propias formas de vida, allí donde la igualdad y la equidad ciudadana componen la nación y no sólo la de una mayoría. Lo cual requiere de una ciudadanía común a todos los miembros de un Estado plural y multicultural; lo que demanda la aceptación de un Estado plural y una pluralidad de culturas. Donde libertad, equidad, solidaridad, justicia e igualdad llevan implícito el derecho de pertenencia, que hace viable la aceptación de una ciudadanía común, ante todo, en derechos políticos, sociales y culturales.

Pero en esta serie de relaciones humanas se plantea la posibilidad de establecer vínculos de reconocimiento, comunicación dialógica, simétrica, responsable y comprometida éticamente con la propia comunidad y con las otras comunidades humanas. Esta es la propuesta de filosofía de la educación radicada en la confianza, la libertad, el reconocimiento del individuo en la comunidad social incluyente libre y autónoma e igualitaria en la acción práxico-ética y solidaria en la alteridad ejercida equitativa y copartícipemente en reciprocidad. Por ello, se puede decir que sin la comunidad no es posible la acción comunicativa y dialógica. Porque para la comunalidad todo, sin la comunidad nada, sin que, necesariamente, la individualidad, la identidad personal se diluya y pierda. Esta es la vivencia horizontal de justicia, equidad, igualdad, derecho y libertad, lo que posibilita la democracia radical entendida como democracia participativa, directa y comunitaria.

Hoy, la filosofía de la educación y la Filosofía en general se han convertido en motivo de perplejidad, ante una realidad compleja de formas y relaciones del poder mundial, las que se han redefinido y transformado, donde hipotéticamente el “sujeto social ha muerto,” para quedar los procesos sociales. La filosofía tradicional que se componía de doctrinas y políticas de la filosofía y filosofía política, en la actualidad se han resemantizado y transformado; aquello, que parecía estar destinado a la seguridad de un saber racionalmente seguro, como la ciencia, la tecnología, las filosofías, las humanidades y las ciencias sociales, manejadas en el ejercicio reflexivo y filosófico tradicional han sido redefinidas, y algunas de las veces utilizadas para encubrir opiniones sociales políticamente manejables, como serían las formas ideológicas y las ideologías políticas de dominación y control. Esto es, mirar a la Filosofía desde la estructura social de poder y dominio y como forma ideológica intervencionista. Contrario al filosofar, al pensar y a la filosofía, porque ésta cuestiona, los propios principios.

Es necesario reconsiderar los principios de saber vivir y convivir que trasciendan las meras relaciones mercantiles neocapitalistas y permitan una relación franca de respeto y reconocimiento de los seres humanos; de las cosas más familiares, más inmediatas y banales de la vida cotidiana; lo que muestra el modo de ser de la existencia situada y en situación histórica-temporal.

Por ello, el pensamiento de los pueblos originarios, como cualquier otra forma de pensamiento, se refiere a usos, a modos de ser, de comportarse, de vivir y convivir propio en el mundo de la vida, en el cual se producen las condiciones de existencias y dominación, pero también de lucha y liberación. Las comunidades indígenas, negras, mestizas, blancas,… sufren las formas ideológicas y culturales del dominador; en las largas relaciones de intercambio se dan dependencias, interdependencias y dominio como de ciertas modos de entender las realidad  y el mundo de la vida; de las cosmovisiones ideológicas y políticas dominantes en la República Mexicana, en nuestra América y el mundo; destacan las cosmovisiones de los pueblos originarios;  aunque la razón y la inteligencia es común al ser humano y no una exclusiva de pueblos y culturas; empero, la dominancia de las culturas tradiciones, alimentación, lenguajes, símbolos, concepciones del mundo indígena han permeado a la cultura mexicana y son el sustrato fundamental de ésta.

Plantear un proyecto educativo incluyente

Para despegar un proyecto educativo nacional integral, que vaya de la educación básica, a la media superior, superior y posgrado, que garantice de cierto modo, que los estudiantes, a su egreso o salida de las instituciones educativas tengan garantizado un empleo digno y aporten lo mejor de su saber y creatividad, al desarrollo y crecimiento nacional económico a través de la ciencia, la tecnología, la humanidades y las ciencias sociales. Es decir, que considere que los egresados de las instituciones superiores de educación y las universidades e institutos públicos y privados se incorporen dignamente a la competencia nacional y se inserten en la globalidad con mejores instrumentos de formación científico-tecnológica, social y humanística.

Porque, “la nación moderna no nace de la federación y convenio entre varias naciones históricas previas. Es un salto. Se origina en la elección de una forma de asociación inédita y en su imposición a las naciones históricas existentes en un territorio. El proyecto de nación-Estado nace de la voluntad de poder de un grupo, porque para imponerlo requiere de un poder; por ello el proyecto de una nueva nación debe convertirse en la voluntad del Estado.”[3] 

 Sin embargo, cabe advertir que esta concepción tiene el peligro de caer en el multiculturalismo como centro de poder, dominio y control. Esta idea de multiculturalismo, como se ha venido manejando por algunos grupos de intelectuales y científicos sociales, es una forma diferente de entender este término en el mundo contemporáneo; desde las dos últimas décadas previas del final del siglo XX en el mundo global occidental europeo, nuestroamericano y mundial hasta la actualidad: la forma ideológica del multiculturalismo del neocapitalismo, es una posición globalizada del viejo imperialismo capitalista y la autocolonización política y cultural, con una profunda carga ideológica racista y excluyente. Porque, “al igual que el capitalismo global supone la paradoja de la colonización sin Estado-nación colonizador, el multiculturalismo promueve la eurocéntrica distancia y/o respeto hacia las culturas locales no-europeas. Esto es, el multiculturalismo es una forma inconfesada, invertida, autorreferencial del racismo, un <racismo que mantiene las distancias>: <respeta>  la identidad del Otro, lo concibe como una comunidad <auténtica> y cerrada en si misma respecto de la cual, él, el multiculturalista, mantiene una distancia asentada sobre el privilegio de su posición universal. El multiculturalismo es un racismo que ha vaciado su propia posición de todo contenido positivo […], pero, no obstante, mantiene esa posición en cuanto a privilegio punto hueco de universalidaddesde el que se puede apreciar (o despreciar) las otras culturas. El respeto multicultural por la especificidad del Otro  no es sino la afirmación de la propia superioridad.” [4]

Por ello, esta forma de concebir el multiculturalismo, si no incluye la diversidad y diferencia en la unidad social y comunitaria de pertenencia, justicia, equidad, libertad, igualdad y solidaridad de democracia radical, las que han de ser concebidas en forma horizontal en relación de interculturalidad y transculturalidad incluyente; puede llevar a ambigüedades, equivocaciones, exclusiones, injusticias e incluso, a paradojas y totalitarismos. Considerar que la nación-Estado, el Estado-nación moderna en México, nuestra América y en el mundo, implica desarraigo, es decir, es ir más allá de las comunidades históricas reales; como a la vez, es importante reconocer que a lo largo de la  historia, hay quienes inventan una nueva comunidad e invitan a grupos, individuos, comunidades a integrarse para formar el nuevo Estado nacional, esto, la reconstrucción de comunidades sociales imaginadas.

Ello implica ir a las entrañas políticas y éticas de las naciones-Estados. Porque “en la América hispana la conciencia de las nuevas naciones no aparece en los pueblos indios, apegados a sus culturas tradicionales; tampoco en los inmigrantes españoles, ligados a las metrópolis; sólo puede surgir en un grupo que se siente desligado de todo vínculo comunitario: ya no puede reconocerse en la lejana España, pero tampoco pertenece a las comunidades indias y mestizas locales. Es una parte del grupo “criollo”, sobre la clase media “letrada”. Ella se encuentra sin asidero real en la sociedad; sin pertenecer a una ni a otra comunidad, ni a los pueblos locales ni a la metrópoli, imagina una asociación que sí le concede plena pertenencia: una nueva nación.”

Lo cual requiere hacer un balance histórico. El siglo XIX es el del progreso, de la técnica, del liberalismo, del socialismo, del anarquismo, del anarco-socialismo, del marxismo, del idealismo, del espiritualismo, del liberalismo, del krausismo; de la definición de las clases sociales y del conflicto; de la expansión insaciable del capitalismo industrial, la irrupción de los valores y de las instituciones democrático-liberales.

El siglo XX promueve el progreso, la libertad del libre mercado, se proclama la democracia, idea individualista liberal capitalista, y de los derechos humanos, hasta alcanzar la concepción del socialismo como la “razón utópica,” que plantea una ruptura con el mundo real y la afirmación de otro ideal utópico libertario, porque plantea la necesidad de lo posible, porque encarna en la vida colectiva las condiciones reales de transformación social que apunta a una dirección del análisis concreto que permite trazar el perfil de un proyecto histórico hacia la construcción de la sociedad deseada más allá del estado de cosas existente del presente histórico.

De esta forma la utopía imaginada y operante como alternativa de cambio y transformación del Proyecto de la Cuarta Transformación tiene su topos,su raíz en la historia social concreta del México de destrucción, violencia y muerte, por ello es necesario reconocer que la sociedad deseada está, pues, en el futuro y hacia ella conducen proyectos de liberación en la actualidad se plantean. Sin embargo, el futuro, como horizonte infinito por conquistar, siempre se desdobla irremediablemente en dos: lo imposible y lo posible; en esta situación nos encontramos hoy. Aunque queda el lugar para la preguntar: ¿dada las condiciones históricas, sociales y económicas es posible cambiar, o que podría ser lo más posible? En otras palabras, se han de encaminar el proyecto a alcanzar, en la acción y en la toma de decisiones: la justicia, la libertad, la igualdad, la equidad, la solidaridad, la pretensión es alcanzar la felicidad para todos, etc.; es bien claro que estos valores, son los componentes de una sociedad nueva en plenitud, pero no perfecta ni acabada; sin embargo, hay sociedades imposibles por el dolor y sufrimiento que provocan, pero pueden y de hecho inspiran sociedades posibles de equidad y justicia. La razón es evidente, porque lo posible siempre resulta de sujetar lo imposible al criterio de la factibilidad humana real y, de esta manera, lo posible y lo más posible siempre quedan sujetos a las mediaciones necesarias de todo proyecto político (condiciones objetivas y subjetivas, organizaciones, esfuerzos en lo económico, político, cultural,… y todos aquellos imperativos concretos y específicos propios de una coyuntura histórica). Decir entonces que la sociedad deseada como plenitud acabada es un imposible, no es algo sin sentido ni mucho menos contradictorio, ni la dimensión utópica es algo prescindible aun cuando siempre haya que discernir, necesariamente, entre lo posible y la plenitud acabada. En donde, en la sociedad idealizada se proyectan: el deseo y la esperanza. Pero que hoy hemos de construir día a día, en contra de las adversidades, oposiciones y resistencias para su realización.




[1] Profesor/Investigador. Dependencia: Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, CIALC/UNAM. E-mail: mariom@unam.mx  

[2] Cfr., Amitai Etzioni, La Tercera Vía hacia una nueva sociedad. Propuesta desde el comunitarismo, España, Mínima Trotta, 2001. P. 17

[3] Luis Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas, México, Paidós/FFyL/UNAM, 1999, p. 31.

[4] Slavoj Zisek,  En defensa de la intolerancia, Chicago Illinois, Ediciones, Sequitur, 2007. pp. 64-65.


 

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LA EDUCACIÓN EN EL GOBIERNO DE AMLO: ¿SERÁ POSIBLE UN CAMBIO DE HORIZONTE?

 

Por  LUIS FERNANDO GAYTÁN CASTILLO [1]  

 

La  ética de la educación debe tener como objetivo fundamental la formación de seres humanos éticos (virtuosos) que revaloren y resignifiquen axiológica y epistemológicamente la vida, la Naturaleza, el oikos; la dignidad humana, la libertad, justicia, sociedad, civilidad y democracia. El ser humano, si tiene la intención de trascender, de prevalecer deberá realizar una reconstrucción arqueológica de los saberes, buscando el equilibrio entre los seres humanos en sociedad y la Naturaleza. Es un ejercicio de responsabilidad y compromiso ético.[2]

 

En México no se cuenta con un Plan Nacional de Desarrollo, ni mucho menos hay un programa sectorial educativo consolidado, la educación, en su sentido amplio, juega un papel fundamental en la transformación de la naturaleza como de su cuidado y de su protección ética responsable, así como de las relaciones sociales. Por lo mismo, constituye uno de los instrumentos más poderosos para realizar el cambio social, político, económico, etc.

Por ello debemos repensar la complejidad de la educación, así como la rapidez de los cambios que se dan en la sociedad en la actualidad.  Ante tal panorama se ha dado un proceso de trivialización (una pérdida de sentido) de la docencia en todos los niveles educativos; es por ello, que en gran medida se debe resignificar la profesión docente. El Instituto para la Evaluación para la Evaluación de la Educación (INEE) subrayo qué para elevar la calidad de la enseñanza en México, la política educativa deberá establecer como tarea fundamental, “apoyar la formación profesional de los docentes y que para ello es necesario mejorar las 267 instituciones públicas encargadas de la formación inicial de los maestros”.[3]

Esa revalorización del magisterio, como la mejora continua de la educación en México, se requiere de una transformación en todas las estructuras educativas del país, en el foro académico La Iniciativa de Reforma Educativa. Voces de la Investigación, organizado por la UNAM, se planteó qué si se revisan las reformas educativas en México, cada sexenio marca la suya y de ese modo nunca se logra consolidar un proyecto de desarrollo para la educación que México necesita para el futuro.

Hugo Casanova Cardiel, explicó que la iniciativa de reforma constitucional impulsada por el nuevo gobierno implica importantes redefiniciones en materia de política educativa. Hay una serie de planteamientos del gobierno federal que, de manera incipiente, perfila un escenario en la materia. “Aunque no se trata de proyectos acabados –pues aún no se cuenta con el Plan Nacional de Desarrollo– ni hay un programa sectorial educativo, sí hay una serie de temas que están siendo avanzados en términos normativos; concretamente en la Constitución, que permiten identificar algunas de las prioridades.”[4]

Detalle de un mural en la UAMI de Arnold Belkin

Está el acento en la cuestión de equidad; la obligatoriedad, pues prácticamente se ha planteado la universalización de la educación, desde el nivel básico y hasta el superior; o la introducción de una incierta concepción de excelencia, que reemplazaría al tema de calidad. Para Hugo Casanova, “tenemos la certeza de que la investigación que se desarrolla en el Instituto (UNAM) a su cargo constituye una plataforma pertinente e informada para interpretar los discursos que concluyen en nuevas políticas educativas”. [5] Ángel Díaz Barriga, señaló que un “gran ausente en el debate pedagógico mexicano es el análisis de lo que se entiende por profesión docente. Los mentores se interpretan a sí mismos y ocupan la identidad de un trabajador, de un empleado, y asumen que la autoridad, el patrón, les debe decir qué hacer en el aula”.[6] Se requiere resignificar esa profesión y hacer que el docente se asuma como responsable del aprendizaje de sus alumnos, aunque, reconoció, es complicado cuando hay profesores  en secundaria y bachillerato que deben atender a más de 200 alumnos a la semana, aunado  a todo esto, las innumerables cargas administrativas.

Actualmente, añadió Díaz Barriga, estamos ante “estudiantes que buscan el estímulo inmediato, que han nacido y se mueven en una sociedad sobre estimulada, que le dan más relevancia a las redes sociales que a los proyectos escolares; ante chicos con una noción completamente diferente del orden, la disciplina y el aprendizaje”.[7] Por ello, debe cuestionarse en dónde se aprende lo significativo, en Google o en la escuela. Esto representa un reto en la enseñanza que no se puede dejar de lado, ni mucho menos dejarlo en olvidado.

Patricia Ducoing apuntó: “se cree que la enseñanza es un asunto innato, de buena voluntad o de sentido común, de modo que si alguien sabe historia o patología puede dar clases de esos temas. En realidad se trata de una labor compleja y no basta con que me gusten los niños para ser docente; se requieren muchas capacidades y competencias. El docente es un intelectual”.[8] 

Leticia Pogliaghi mencionó que por el momento no queda claro cuál es la orientación que se le dará a la reforma educativa, y

no sé si sea tan bueno que se defina en la Constitución, porque para eso están las leyes secundarias y los programas que se implementen. Si no, caemos en que cada seis años hay que reformarla para instalar la idea de educación que tiene el gobierno en turno. Debe contener los principios que guíen y permitan pensar en la educación a más largo plazo.[9] 

Por lo mismo, la propuesta y desafío de una cuarta transformación planteada por Andrés Manuel López Obrador, deberá “ser acompañada de un gran esfuerzo de todos los hombres y mujeres de nuestro país, orientada a mejorar la educación y a terminar con la ignorancia, para asegurarnos de que en esta ocasión sus efectos sean sólidos y duraderos y que sus costos, sean los más reducidos posibles”. [10] 

La cuarta transformación a la que ahora nos convoca Andrés Manuel, es desde luego necesaria e importante para terminar con la corrupción, restablecer el sistema de justicia, hoy corroído hasta sus cimientos y recuperar la paz y la seguridad para los hogares mexicanos, pero no menos importante es asegurar que la historia de las transformaciones anteriores no se repita, dando lugar a nuevos vicios y daños que regresen al país a su situación actual.[11] 

Es necesario que la educación, sea prioridad del nuevo gobierno y que así mismo se encomiende a una comisión legislativa a preparar una propuesta para enriquecer las leyes de manera que se convierta en algo real, mediante un mandato contundente a quienes conforman el Congreso y asimismo para asegurar que los funcionarios electos de ahora en adelante, cumplan con sus compromiso constitucionales con la sociedad y especialmente con la educación a todos los niveles en México. ¿Dónde quedó la educación del ser humano como sujeto social comprometido y responsable consigo mismo, con la sociedad y con México? Si se quiere rescatar a los seres humanos como el centro de todo proyecto: educativo, político, social, económico y cultural deberá defenderse el derecho a repensar y replantear los objetivos y los fines, (que necesita la educación en todos sus niveles), deberá cumplirse desde un proyecto integral e integrador.

Por ello es necesario reestructurar la educación desde la primaria, secundaria, bachillerato y superior vinculándola con los estudiantes y profesores en todos sus niveles. Esto obliga a repensar en un nuevo modelo de Educación, que respete y apoye a nuestras grandes instituciones de educación y combine las formas tradicionales como las electrónicas de educación, organización, construcción, lucha, negociación y consenso al interés general y el bien común.

Es deseable que Andrés Manuel López Obrador lleve a un buen fin el Proyecto educativo en la Cuarta Transformación. Ya qué ante el cansancio de las simulaciones, que nos tenían acostumbrados Enrique Peña Nieto con la dichosa “reforma educativa”, alumnos, profesores, académicos, investigadores, etc., tenemos puestas todas nuestras expectativas en un cambio radical en el sistema educativo mexicano, esperando por el bien todos, que no sea un preámbulo de una “transformación que no transforme nada”.

¡Hay que darle tiempo al tiempo!

 


[1] Licenciado en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Dependencia: Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. E-mail: gaytancastillo@msn.com       

[2] Mario Magallón Anaya, Seminario de ética y educación,  Culiacán, Sinaloa, Noviembre de 2006, p. 5. Texto inédito.     

[3] Cecilia Higuera Albarrán, “Escuelas formadoras de maestros prioridad para elevar la calidad de la enseñanza: INEE, en Periódico La Crónica de hoy, Ciudad de México, AÑO 23, no. 8147, 11 de marzo de 2019, p. 8. 

[4] Laura Romero, “Se trivializa la docencia en todos los niveles: expertos. Análisis de la reforma educativa”, en Gaceta UNAM, México, Ciudad Universitaria, Número. 5034, 7 de marzo de 2019, p. 14. 

[5] Laura Romero, Op. Cit. p. 14.

[6] Laura Romero, Ídem. p. 14.

[7] Laura Romero, Ídem. p. 14.

[8] Laura Romero, Ídem. p. 14.

[9] Laura Romero, Ídem. p. 14.

[10] Enrique Calderón Alzati, “Educación para la cuarta transformación nacional”, en Periódico La Jornada, México, 4 de agosto de 2018.   

 [11]  Enrique Calderón Alzati, Ídem.

 

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ACERCAMIENTO AL TEMA DE LA EDUCACIÓN DENTRO DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN 

 

 

Por  ALFONSO VELA RAMOS [1]

Colegio de Bachilleres, Xochimilco, junio de 2019

Somos conscientes que la realidad nacional, a nivel político y social, se encuentra integrada por un grupo de situaciones[2] de diversa índole e importancia. Los seres humanos que son parte sustancial de ellas y desarrollan su vida en comunidad, que no se apartan de los límites geográficos o morales que las contienen, se percatan que, de ellas, en su mayoría, es posible dar cuenta de manera mediana, ya sea por su especificidad o bien por el desconocimiento puntual de sus características. Sin embargo, existe un número no muy grande de esas situaciones que enlistan los problemas y cuestiones del más apremiante interés. Es decir, temas que por su trascendencia en la vida pública son objeto de atención de las mayorías sociales. Una de ellas es la que está integrada por el tema de la educación en general.

En México, estamos atravesando por un proceso de cambios políticos y gubernamentales que tuvieron su inauguración a partir del primero de diciembre con la toma de poder del candidato electo Andrés Manuel López Obrador. En las pasadas votaciones del primero de julio del 2018, para la elección del Ejecutivo Federal, se optó por la propuesta que este candidato, hoy presidente, representaba. Su movimiento se proclamó como el de la Cuarta Transformación, tomando en cuenta eventos político-sociales previos, que habían dejado una huella profunda en la vida pública del país. La primera transformación fue encabezada por el movimiento de independencia de 1810, la segunda por la guerrea de tres años o de reforma, de 1858-1861, la tercera por el movimiento revolucionario de 1910, y la apenas naciente Cuarta Transformación 2018- ¿? El peso histórico que su representante tiene previsto para su propuesta es tan relevante que piensa dará un nuevo rostro a México.

Desde luego, hablar de transformación implica que se considera que algo debe de ser cambiado o renovado, es decir, se mueva hacia un fin previsto. Ese fin, se entiende es hacia una condición de mejoría, por lo menos en el papel esa es la intención y discurso del promotor principal de esta Cuarta Transformación.

El Proyecto de Nación 2018-2024 recoge una nueva visión del país y presenta proyectos y propuestas en materia económica, política, social y educativa que tienen por objeto generar políticas públicas que permitan romper la inercia de bajo crecimiento económico, incremento de la desigualdad social y económica y pérdida de bienestar para las familias mexicanas, tendencias que han marcado a México en los últimos 35 años, y emprender un cambio de rumbo.[3]

LA FILOSOFÍA UNA ESCUELA DE LA LIBERTADSintéticamente la intención es correcta, el punto a debatir se encuentra en el ¿cómo lograrlo? En torno a ello pueden construirse cientos de páginas o miles y aún más que expongan diligentemente los pormenores para conseguirlo, sin embargo, la experiencia, al menos en esos últimos 35 años que se mencionan, en materia de educación, ha sido un fracaso. Y podemos afirmar que los últimos seis años fueron el pináculo de la deshonra y agravio mayor hacia el universo educativo en México. Desde la vergonzosa experiencia de tener a un presidente con un déficit intelectual y cultural muy marcado, hasta la implantación de evaluaciones punitivas y amedrentadoras de las comunidades docentes. Esos momentos quedaron englobados por la pomposamente anunciada Reforma Educativa promovida por el Ejecutivo Federal de entonces. Se afirmó que para ofrecer una educación de calidad los docentes de educación básica (primaria, secundaria y bachillerato) debían de ser evaluados para determinar su capacidad y eficiencia, y de dicha evaluación dependería su estabilidad laboral. Los detalles de ese proceso, además de violentar el contrato colectivo de los distintos niveles educativos, enmascaraban una reforma laboral con una pretendida legitimación de ser educativa. Toda esa ofensiva reforma “necesaria”, acompañada de una campaña de desprestigio para con la comunidad de profesores y profesoras, promovida por un sector de los medios de comunicación serviles al sistema, fue rechazada desde un principio por las bases docentes.

A pesar de las protestas la implementación de aquella iniciativa se fue dando paulatinamente hasta dejar en condiciones nada alentadoras al magisterio en nuestro país. De esas condiciones sociales y políticas en materia de educación hizo eco el movimiento de la Cuarta Transformación, que para entonces se vislumbraba como el de mayor fuerza para conseguir la victoria en los comicios de 2018. Este movimiento, simpatizando con la mayoría de las protestas del sector docente agraviado, ofreció en voz de su candidato que de llegar a la presidencia revocaría dicha Reforma, por varias de las razones esgrimidas, y por creer que una reforma educativa sin la participación activa de profesores y padres de familia en la creación de sus lineamientos sería del todo ilegítima. Si en algo coincidimos plenamente con estas afirmaciones es que, en efecto, el docente, aquél que trabaja y se entrega a sus alumnos en el día a día es el que sabe con mayor certeza las condiciones materiales y conceptuales que deben de ser tomadas en cuenta cuando se pretende llevar al escenario de la vida pública, cambios benéficos para la realidad educativa en general dentro de nuestro país. Por lo tanto, su visión y opiniones son un elemento indispensable para conocer esa realidad y poder promover cambios pertinentes y atinados para la educación; que lleven a una mejora sustancial de la enseñanza en México.

 Si lo que se pretende es impulsar el nivel educativo en el país y conseguir que la mayoría de los habitantes cuenten con formación necesaria, teórica o formal, sin descuidar el aspecto fundamental de la experiencia, entonces debe de fortalecerse el aparato educativo público. Que el gobierno garantice el acceso a una educación de calidad, sustentada en una infraestructura sólida y suficiente; con una base docente bien capacitada, en condiciones laborales justas que le permitan ejercer clases y cátedras atractivas, que respondan a las necesidades políticas, sociales, y laborales que el escenario nacional demanda. Fortalecer la educación ética y de valores dentro de todos los niveles de enseñanza, sin duda promoverá conciencias críticas y más independientes. Desde luego, todo esto suena al entrañable discurso utópico, muchas veces atacado, pero urgente de ser llevado a la práctica en algunos de sus puntos más accesibles. Promover la emancipación mental de los sujetos debe de ser uno de los objetivos supremos de esta Cuarta Transformación, si es que en verdad pretende alcanzar el grado histórico positivo que su representante tiene en mente. Construir los mecanismos que lo consigan debe de ser una prioridad, pues la decadencia social que atravesamos cuenta entre sus causas la falta de una educación pertinente, que ayude a subsanar los daños ya enquistados en nuestro contexto social y vivencial.

Sin embargo, ¿en qué medida, el proyecto educativo de la C.T., tiene contemplados algunos de los puntos que ya señalamos y que nos parecen de atención urgente? Atendiendo a esta pregunta, al interior del Proyecto de Nación que la C.T., impulsa, se toca un tema que puede intervenir en la realización de un cambio de rostro en la educación nacional. Este es, el fortalecimiento y propagación de la cultura identitaria en tanto recuperación de tradiciones y valores que nos reconocen como seres situados y circunstanciados. Una educación sensible a este aspecto resulta más eficaz, pues contempla la problemática en el contexto histórico y temporal sobre la cual despliega sus métodos y herramientas resolutivas. Es decir, enseñanzas situadas y efectivas para nuestra realidad.

Se promoverán metodologías participativas con base social, que ya han demostrado resultados positivos, impulsando un trabajo cultural que promueva la paz, el diálogo intercultural, la democracia participativa y el ejercicio de los Derechos Culturales como Derechos Humanos, entendiendo a la cultura como una poderosa herramienta de cohesión y Desarrollo humano, social y regional. (…). Basados en experiencias concretas y probadas se propone el más importante programa de Cultura Comunitaria que haya implementado el Estado en México. Se reconocerá la fuerza de la cultura como imprescindible en los procesos de paz, de reconstrucción de comunidad, concordia y armonía de las comunidades.[4] 

El tener este objetivo como lineamiento de acción, marca una posibilidad de cambio sustancial en las estrategias educativas nacionales, pues antes que asumir condicionamientos políticos del extranjero con la finalidad de atraer recursos por parte del Estado, tal y como lo venían realizando los gobiernos anteriores, se prioriza en la riqueza y circunstancia nacional como fuente orientativa y moral. Defender esta postura con acciones concretas, y no sólo enunciarla discursivamente, debe de ser prioridad dentro de la C.T.

Acorde a lo anterior se encuentra la intención de incluir a los jóvenes que por falta de infraestructura y medios no pueden continuar con estudios de educación media y superior. Atender este problema con seriedad y responsabilidad puede subsanar en cierta medida el inconveniente del atraso cultural que nuestra sociedad padece, abriendo la posibilidad a comunidades más críticas y capaces. Comprometerse a fondo con la educación es fundamental si se pretende elevar la calidad de vida en México, pero aquí, como en lo anterior, estas propuestas deben de ir más allá del plano discursivo.

Reducir el grave problema de la exclusión de los jóvenes de la Educación Media Superior, es factor determinante para que el Sistema educativo en su conjunto, funcione adecuadamente como uno de los motores del desarrollo nacional.

Las causas de la exclusión de los jóvenes rechazados, de los que abandonan los estudios y están marginados, son múltiples, pero destacan la falta de recursos, la adecuada cobertura que incluya los espacios educativos y el equipamiento correspondientes y muy importante también, el clima o ambiente institucional, que provea armonía y redunde en resultados e impactos positivos[5]

La estrategia medular de la C.T., para poner en marcha sus proyectos y conseguir los objetivos que han compartido públicamente, es el combate a la corrupción, atacar este flagelo destructivo permitirá que el presupuesto llegue a donde debe y no se pierda en los vericuetos burocráticos auspiciados por gobiernos históricamente ineficientes que les dieron origen. Ese punto, el de la corrupción, es difícilmente regateable a sus propuestas, pues desde que se lanzó el Proyecto de Nación, hasta los primeros cien días de gobierno que este movimiento impulsa, han salido a la luz incontables delitos que las administraciones pasadas perpetraron. Corroborándose, por desgracia, que el fenómeno de la corrupción es más complejo de lo que con cualquier hipótesis aventurera se hubiera esgrimido. Sin embargo y a pesar de que se marca el tema de la educación, como un objetivo a cumplir dentro de la Cuarta Transformación, nos queda el prurito de que sigue estando en deuda el señalamiento específico del fortalecimiento de la formación humanística, pues la educación en general, sin este importante aditivo queda incompleta. Esperemos que sobre la marcha del gobierno nuevo, atendiendo a cierta receptividad mostrada hasta ahora para rectificar el camino, se considere atentamente esta necesidad que hasta hoy no ha sido puesta en escena.

 


[1] Licenciado en Filosofía, UNAM. Maestro en Estudios Latinoamericanos [Filosofía], UNAM. Dependencia: Profesor del Colegio de Bachilleres, Unidad Xochimilco, Tepepan, E-mail: platonopolis2000@gmail.com  

[2] Por situación entiendo subgrupos o pequeños universos de realidad determinados por condiciones identificables. Por ejemplo, la integrada por el abuso a menores. Esta se constituye por factores que se pueden clasificar para ubicarla como un problema social; y el conocimiento de sus causas y consecuencias posibilita la propuesta de soluciones eficaces. 

[3] Proyecto de Nación, 2018-2024, p., 3.

[4] Ibídem., pp. 444-446.

[5] Ibídem., p. 450.

 

 

 

 

 

 

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